Disminuir tamaño de letraAumentar tamaño de letraImprimir paginaEnviar esta pagina por e-mailAmpliar el ancho de la paginafluid-width

Vida de héroes

Rogelio Ramos Valverde | 25 de Julio 2007

A Armando Vargas, cuyo libro sobre el presidente Mora, ha traído más luz en la grandeza del héroe nacional.

En tal día como hoy… El 24 de julio de 1783 nace Simón Bolívar, en la casa solariega de San Jacinto, en la ciudad de Caracas, Venezuela; el 17 de diciembre de 1830 muere en San Pedro Alejandrino, Colombia. Proscrito de su Patria, su fallecimiento se conoce en Maracaibo el 21 de enero siguiente. El gobernador de la provincia Juan Antonio Gómez, se apresura comunicar tal hecho a las autoridades superiores, con la siguiente afirmación: “Bolívar, el genio del mal, la tea de la discordia, o mejor decir el opresor de su patria, ya dejó de existir, y de promover males que refluían siempre sobre sus conciudadanos”. Tal discurso se mantiene, todavía hoy, en círculos estrechos de mirar los errores de los grandes hombres, y no sus innumerables aciertos. De su lucha contra el colonialismo borbónico español se pasa sobre ascuas; la libertad obtenida por estas repúblicas latinoamericanas, se abandona en un afán de apostrofar su campaña gloriosa a lo largo del sur del continente; su vocación de darle sustento a la unidad de estos pueblos, se mide con los parámetros de una sumisión a nacientes imperialismos. Empero, nada detiene el respeto y cariño popular por su gesta liberadora. “Murió pobre, en hogar ajeno, calumniado, perseguido por sus compatriotas. Les dejó dos cosas perdurables; el ejemplo de su vida y el resplandor de su genio”, escribe José Gil Fortul.

El 8 de Febrero de 1814, en pleno dominio colonial español, nace el San José, antigua Villa de la Boca del Monte, Costa Rica, Juan Rafael Mora; muere el 30 de setiembre de 1860, vilmente asesinado en Puntarenas. Proscrito de su patria, por la traición militar, su muerte la comunica, con aliento de satisfacción uno de miembros que conformó la írrita Corte Marcial constituida ad hoc. Desaparece Mora, dejando un historial de grandeza y patriotismo. Su enfrentamiento con el esclavismo opresor, lo pone en la vanguardia como defensor de Hispanoamérica, ante el Destino Manifiesto que ya había hollado el territorio mexicano engulléndose Tejas, Nuevo México, California.

A Bolívar y a Mora, sus enemigos, los pintan con los mas soeces epítetos: todavía resuenan en pleno siglo veintiuno, voces comprometidas con la sumisión a los poderosos; rencor contenido de generaciones de “godos” proclives a leer la historia del lado negativo, y cargar solo los errores de los Próceres, como fuente enmarañada de invocar a los héroes de la Independencia. Miserias humanas, sin otro colorido, que darle pábulo a verdades y convertirlas en mentiras a fin de satisfacer vanidades endebles, apocadas por el amor de los pueblos latinoamericanos por sus héroes.

A Bolívar intentan asesinarlo el 25 de setiembre de 1828; a Mora lo deponen, comprando a los militares. Luego lo asesinarán. “¿Qué haremos con estos generales conspiradores?”, se pregunta Bolívar y se contesta: “Si los contengo, soy tirano, y si espero a que delincan para castigarlos, soy cruel asesino.”

Por el contrario, si los militares conspiradores triunfan, auspiciados por la oligarquía económica, encontrarán siempre justificaciones. Al general insurrecto y traidor, Lorenzo Salazar, lo tildan de “esclarecido patriota”; forman un supuesto plebiscito del vecindario de San José donde, sin otra formalidad que la fuerza bruta, nombran presidente provisional, a José Maria Montealegre, y declaran: “para la completa tranquilidad de la nación”, extrañar del país a Juan Rafael Mora, el presidente mártir, José Joaquín Mora, el mismo que comandó los ejércitos de Centroamérica contra William Walker y su pandilla; a José María Cañas el comandante del Ejercito de Costa Rica en esa gran empresa y al sobrino del presidente Mora, Manuel Argüello Mora. Así se comportan los complotistas.

En su última proclama, Simón Bolívar desencantado, aún deja el testimonio de su constante amor por la Patria: “Habéis presenciado mis esfuerzos por plantear la libertad donde reinaba la tiranía… He trabajado con desinterés, abandonando mi fortuna y aun mi tranquilidad… Mis enemigos abusaron de vuestra credulidad y hollaron lo que me es más sagrado, mi reputación y mi amor por la libertad. He sido víctima de mis perseguidores, que me han conducido a las puertas del sepulcro. Yo los perdono… Si mi muerte contribuye que cesen los partidos y se consolide la unión, bajaré tranquilo al sepulcro.”

Ya al final de su vida, Juan Rafael Mora, católico convencido, enfrentado con la ignominia de sus enemigos, escribe: “Estoy sentenciado a muerte y tengo poco tiempo que perder… Dios quiera que con mi sacrificio todo se acabe, y vuelva la paz y el progreso para estos pueblos desgraciados…”. Consciente de la orfandad para su esposa e hijos, exclama: “Nada temo solo me inquieta la triste situación en que quedas viuda, pobre, en el destierro y llena de hijos… Les ruego que aun a los que me sacrifican, los perdonen como yo los perdono”. Eso declara quien fue uno de los hombres con mayor fortuna en Costa Rica, y en el trance de la muerte, al igual que Bolívar, perdona a sus victimarios. Por eso puede con toda libertad invocar a la Patria y a sus hijos: “Tal vez la Patria no será la misma con mis hijos, pues vendrán tiempos en que valgan algo los pocos servicios que le he prestado en casi la mitad de mi vida”.

¡Vida de hombres y de héroes, en la fecunda vida de América Latina!

El hecho real de una omisión innoble del gobierno de Costa Rica, al renunciar darle brillo y jerarquía de alta escala patriótica, a los ciento cincuenta años del vencimiento de la falange filibustera –ladrones de nacionalidades, los llamó don Juanito– los costarricenses, todos los que amamos nuestro país, hemos de responder a ese olvido, con las palabras del Benemérito de la Patria don Leonidas Pacheco, cuando en su memoria, dijo: “Mora diremos cuando el destino fiero amenace nuestra bien ganada independencia. Mora musitarán nuestros labios cuando en la familiar tertulia elevemos el alma para adorar a Costa Rica. Mora es el emblema. Mora es el pabellón. Mora es la Patria… ¡Bendito sea!

Rogelio Ramos Valverde | 25 de Julio 2007

1 Comentarios

* #2379 el 10 de Septiembre 2007 a las 11:31 AM max dijo:

¡soberbio! ojala mucha mas gente lo leyera y entendiera que lo que tenemos en nuestro pais, es por el sacrificio de heroes casi desconocidos como mora

Publique su Comentario




Recordar mis datos?


Reglas para publicar comentarios: Antes de publicarse, cada comentario ser� revisado por el moderador. Su direcci�n de e-mail no aparecer�.