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Naderías y otros temas

Julio Suñol | 2 de Julio 2007

Don Miguel de Unamuno decía que para ser universal, literariamente hablando, primero había que ser local.

Igual: las naderías parecieran no importar a nadie. La suma de ellas —empero— producen un efecto en nuestras vidas.

Hay autores, periodistas, ensayistas y escritores que si no tratan los temas más altos sienten que no son nadie ni nada. Mentira.

Hay detalles dignos de observar. No escribiremos hoy de política, de historia, de diplomacia, de tratados comerciales, de libros nuevos o del sí y el no en el referendo de octubre próximo.

¿Se han fijado en los comprobantes de pagos, recibos de cajeros automáticos, cargos a tarjetas de débito y de crédito que entregan muchísimos bancos, supermercados, tiendas y otros comercios?

Esos documentos importantes no se pueden leer de lo borrosos que están. No se ven fechas, sumas, descuentos y otros aspectos esenciales de papeles necesarios a la hora de una aclaración, un juicio en los tribunales o una confrontación administrativa.

A veces uno cree que todo es deliberado, aunque algunos personeros alegan que son descuidos de los subalternos, despreocupados de cambiar las cintas de las máquinas electrónicas. Lo que fuere, ello amerita una corrección inmediata.

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Los asesinos del volante andan sueltos, son irresponsables, agresivos, audaces, malcriados. Hay ellos y ellas por igual. Un amigo cuenta que vio a una señora muy compuesta conduciendo un Mercedes último modelo repleto de niños y que él, compasivo y solidario, le hizo señas para advertirle que llevaba una puerta trasera semiabierta. Lo que recibió fueron insultos de todo calibre.

El amigo le leyó hasta los labios. La mujer creía que él la estaba amonestando por algo. Así va nuestro mundo y con él la mala educación generalizada. Aunque se marche en Mercedes o en BMW.

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Las instituciones republicanas están por los suelos. Los ingenuos se preguntan por qué. Son quienes no observan con atención la conducta de algunos funcionarios públicos (y privados), quienes buscan, persiguen, olisquean y finalmente consiguen ventajismos monumentales que, por lo menos, humillan, enardecen e indignan a los ciudadanos de a pie que luchan diariamente por sobrevivir en una sociedad distribuidora de privilegios no ganados dignamente ni dentro del marco de la ley.

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En este mosaico de naderías podría caber la sugerencia de aplicar aquí un procedimiento que observé hace algún tiempo en un “Land” o Estado de Alemania. Los conductores con buenos antecedentes de años por contar con un historial limpio de accidentes o abusos en el manejo de sus vehículos, recibían la autoridad derivada del Estado para ser agentes de tránsito con potestades para imponer partes, multas y denuncias a los conductores violadores de las leyes y reglamentos vigentes sobre la materia. Eran policías voluntarios y secretos, más peligrosos y temidos por los irresponsables, en carreteras y vías urbanas o rurales.

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¡Qué bueno que se produzca esta polémica sobre don Juan Rafael Mora para averiguarle el lado oculto de Vargas Araya o los lados negros de algunos otros empeñados en empequeñecer la Historia patria con “verdades” tan difíciles de probar como las supuestas adecuaciones del periodista e historiador que trae de vuelta y media a cierto mundillo de la cultura.

Y decimos ciertos mundillo no en tono despectivo, sino porque lamentablemente no es mayor este sector, todavía minimizado por los “chats” futboleros y de cuanto “rockanloquero” llega a nuestras playas para ser elevado a la más alta cumbre de la exposición, junto con las películas televisivas de matones, criminales, violadores y expendedores y consumidores de drogas, quienes se pasean en lujosos vehículos y asisten a las más exclusivas discotecas de cualquier parte del mundo.

Todo eso sirve después para elaborar los abultados suplementos periodísticos que se distinguen más por la cantidad de papel impreso de anuncios y de frivolidades, que por la (cero) calidad de los contenidos.

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Es obvio que algo deberíamos hacer con urgencia para que los jóvenes no crean que el mundo ideal es ese que nos pintan en una buena parte de los medios de comunicación industrializados, donde la violencia, la traición, la incultura e ignorancia de la historia Patria y la pornografía, son las banderas que, junto con las drogas y el fraude, conducen al llamado éxito en la vida.

Esto es tanto más urgente cuanto más estamos viendo el profundo deterioro de nuestra sociedad. Alumnos que disparan a su profesor en el aula, motines estudiantiles en colegios, pandillas de estudiantes acosando a compañeros de otros institutos y ahora hasta balaceras en un centro comercial, devienen luces rojas encendidas ante nuestros ojos y mentes. Solo los ciegos e insensibles podrían ignorar estos avisos. Y los gobernantes, los padres de familia, los políticos y religiosos de todas las iglesias son los más obligados a actuar de inmediato con inteligencia, energía y sapiencia.

Julio Suñol | 2 de Julio 2007

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