Disminuir tamaño de letraAumentar tamaño de letraImprimir paginaEnviar esta pagina por e-mailAmpliar el ancho de la paginafluid-width

Mi Cueva de Montesinos

Rogelio Ramos Valverde | 9 de Julio 2007

Bajé a mi Cueva de Montesinos; sueño de la juventud. Bajé cuando cuervos y murciélagos a la luz del sol, abandonaron su destino, anclados en la miseria de la noche lóbrega. Ahora parecen lejanas las visiones de entonces. Mas, ¿era todo cierto o mentira? Iba solo por el campo, no tenía otro acompañante fuera de mi sombra. Soñaba entonces con grandes movimientos telúricos; los creadores de nuevos medios de justicia social. Sí, mis ojos estaban llenos de la luz embriagadora, de una verdad hasta entonces negada.

Surgía una nueva era de fecundas realizaciones. En el campo, a la semejanza del libro augusto de las hazañas de don Alonso Quijano, el Hidalgo de la Mancha, las malezas y zarzas estaban fuera: se libraba batalla contra la creación de raza superior, de entender el suceso social con la desaparición de todo lo angustioso del color de la piel; el fragor de la batalla comprendía sucesos de libertad frente a la opresión. Lucha contra la bestia fascista.

La Cueva era refugio de la juventud. Allí, en el descenso se apreciaba, como en el ilustre manchego, la grandeza de un mundo con fortaleza de verdad; fortaleza conseguida a base de imaginación solidaria. No era Merlín, el encantador de la miseria alejada de los derechos sociales; era la realidad modificada, en esperanza de tiempos de bonanza; tiempos de logros para la fraternidad humana.

“Despabilé los ojos, limpiémelos, y ví que no dormía sino que realmente estaba despierto.” La generosa visión, me hizo ver el deslumbrante cuadro de un tesoro, forjado con muros o paredes de transparente y claro cristal; me recibía un vetusto anciano removido por las notas vibrantes del aleluya por los nuevos tiempos. Atrás se hundían viejas lacras de emponzoñamientos entre los seres humanos; sepulcro de mármol, reposo final de las desigualdades humanas. Toda una nueva esperanza. Era el ancien regime acabado. No había otra fortaleza, sino la forjada de la comprensión cristiana.

Pasaron en fúnebre cortejo los sirvientes con los detentadores del poder económico; animadores de la política injusta y discriminatoria. Los “ayes” de los vencidos llorando con dolor sobre los cadáveres insepultos. ¿Vencidos? Siempre esperarán el desquite, y siempre conspirarán para retornar a su estado anterior. No confiesan su mal andar en las relaciones humanas, sus actos de ludibrio, del trabajo de sol a sol, de niños famélicos en labores de canteras y minas. Insaciables, siempre buscarán recobrar sus ventajas perdidas, usando todos lo medios inimaginables, a fin de recomponer la primacía en la relación económica.

Ahora, en esta alborada del siglo veintiuno, esos viejos déspotas recobran alientos; se crean condiciones onerosas para despojar de sus derechos a parte de la sociedad; se atenta contra la integridad de los seres humanos, creando disposiciones “legales” con flagrante desprecio de los derechos consagrados en las instituciones públicas y en los convenios internacionales; un fascismo renovado y más peligroso pues pretende hablar desde la libertad.

Repaso lo anhelado en la visión mía en los años de juventud, y perplejo comienzo a discurrir: ¿ha sido vano ese salto hacia la mayor justicia? Los animadores del regreso a otros tiempos; los anunciadores del abandono de la justicia cristiana, así lo imaginan; es retornar a un mundo ya superado. Se sienten seguros con el poder surgido al calor de instancias creadoras de gran sufrimiento en los países pobres; de más pobreza y miseria ante un mundo de la opulencia; mundo de desigualdades. Aparecen los nuevos “Fúcares” en las encuestas de multimillonarios nacidos, muchos de ellos, con la entrega de los bienes nacionales. Son los icebergs de una compleja política económica y militar avasalladora.

¿Se sostendrá ese nuevo rumbo de infortunios, saturado de desigualdades y de masas empobrecidas? En el futuro cercano, se aprecian otros movimientos telúricos para barrer la incomprensión, la mentira y la falta de escrúpulos. El mundo se mueve en la búsqueda incansable del progreso; desapareció la esclavitud el régimen de servidumbre… La libertad asomando en la claridad del amanecer con la justicia social cristiana imponiéndose! La sociedad siempre seguirá sumando y no restando; la lucha por los desposeídos, los menesterosos, los discriminados, continuará alumbrando el camino señalado, hace más de dos mil años, por aquel Nazareno de deslumbrante valor eterno.

Rogelio Ramos Valverde | 9 de Julio 2007

0 Comentarios

Publique su Comentario




Recordar mis datos?


Reglas para publicar comentarios: Antes de publicarse, cada comentario ser� revisado por el moderador. Su direcci�n de e-mail no aparecer�.