A lo largo del firmamento las nubes cernen el esplendor de la mañana. Tiempo velado en el espectro la memoria. Son el fino polen caído en la corteza de mi historia. Opacidad en la ensoñación; fina lluvia de pétalos abiertos con vocación de regresar a otros momentos. ¿Hasta dónde alcanza ese regreso? Lo recóndito como nota del espectáculo de la vida; recuerdos ajustados en lo profundo del amor alabado y siempre presente. Cada pétalo representa un momento de la historia vivida; lo pasado y lo anidado en el corazón. Mientras, al sacudir el cernidor, se representan esos momentos del pasado, la claridad del sol nutre espacios al futuro. Es el porvenir. Ese azar henchido de gotas de esperanza, para encontrar en el recuerdo, la nobleza de otros firmamentos, con otras nubes y otros pétalos fincados en el emblema de la verdad y el amor. Solidez frente al desamparo. Gratitud por lo recibido, confianza de alcanzar otras visiones en la riqueza sideral. Vida sin renuncias, hasta el infinito como la grandeza de la inmensidad del cosmos.
Rogelio Ramos Valverde | 23 de Julio 2007


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