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¿Enjuiciar a don Juan Rafael Mora?

Armando Vargas Araya | 7 de Julio 2007

Un brote de antimorismo agudo se ha desatado desde hace unas ocho semanas. El contrapunteo de los 150 años de la honrosa victoria de Costa Rica sobre el filibusterismo del destino manifiesto, es un fuego graneado de agravios e improperios contra la memoria de don Juan Rafael Mora, Benemérito de la Patria y Defensor de la Libertad.

El eminente ciudadano don Alberto F. Cañas, se preguntaba la otra noche, en el auditorio de la Asamblea Legislativa, sobre el posible trasfondo de este remolino de escarnios. Por ahora, dejó la cuestión abierta con un elocuente, “¿Por qué?”.

La principal razón contemporánea para condenar a los prohombres, es que la condenación de las grandes figuras absuelve y agranda las pequeñas”, dijo Domingo F. Sarmiento en 1880, al recibir en Buenos Aires las cenizas del general José de San Martín.

La difamación del Presidente Mora comenzó como táctica filibustera en el periódico El Nicaraguense, editado por William Walker en Granada. La pluma enemiga de Costa Rica hablaba del “yugo de la Administración Mora” y pretendía descalificarlo como “presidente débil” o “insensato gobernante”. Desde San José, elementos de la quintacolumna traidora que conspiraba para derrocarlo, escribían en la hoja filibustera.

La detracción fue agigantada por los que rompieron el orden constitucional en 1859. “Los cargos se exageraron por sus enemigos […] para limpiarse de la culpa de la rebelión”, explicaba don Cleto González Víquez. El régimen lo presentó y exhibió “como un déspota y como un réprobo, sus faltas como horrendos crímenes y aun los granos de anís como montaña”. Porque, como cualquier hombre, don Juan Rafael tuvo errores y excesos, pero hay más luz que sombra en su vida.

Sin embargo, escribe una académica contemporánea, algunos figurantes del régimen de facto “van demasiado lejos en la práctica de utilizar sus cargos políticos y sus influencias personales en beneficio económico propio y de sus familias”, acciones “que abiertamente saquean un tesoro público que está casi agotado” tras la Guerra Patria contra el filibusterismo esclavista. O sea, el “¡quítate tú, para ponerme yo!”

El vilipendio subió al extremo cuando el régimen espurio intentó justificar el asesinato de don Juan Rafael y del general don José María Cañas. En publicación gubernamental, se atrevieron a tildarlo de “filibustero de la peor ley”, “estadista de aldea” y “pauvre diable”.

Un historiador nicaragüense salió por los fueros del decoro: “¡Quién creyera que a Mora de tan ardiente patriotismo, y al heroico Cañas, les fusilaran sus compatriotas en Puntarenas! Los centroamericanos que pasen por allí, visiten esas tumbas veneradas… En ellas descansan dos héroes, a quienes Centro América debe su salvación del filibusterismo”.

El eco de aquellos filibusteros, de aquellos traidores y de aquellos asesinos, rechina en el insolente brote febril antimorista. Pero ningún calumniador ha tenido las agallas para escribir y publicar un tratado Contra Mora, a la manera del Contra Marción en la antigüedad. ¿Por qué?

Quizá sea tiempo de reunir una selección de los mejores en las disciplinas del Derecho y de la Historia para instruir los cargos, examinar las pruebas, determinar la verdad real de las imputaciones y enjuiciar a don Juan Rafael Mora, a ver si lo dejan descansar en paz. Pero, ¿con el Código General de 1841 corregido en 1858, o con los códigos vigentes al 2007?

¿Valdría la pena un proceso histórico? Quizá no, porque quienes mancillan su memoria, repitiendo una y otra vez acusaciones no demostradas, parecen empeñados en perpetuar este despropósito ad eternum del abogado de su enemigo mortal que ordenó eliminarlo: “Aun las pequeñas naciones tienen sus panteones, templos del silencio y de la reconciliación, en que después de las luchas y tempestades de la vida, reposan los restos de sus héroes, y en que la gratitud levanta monumentos imperecederos al recuerdo de sus bienhechores. Un día tendrá Costa Rica tal Panteón que hasta ahora no existe, sino en los corazones de sus Ciudadanos. En él se leerán los nombres de don Braulio Carrillo, los de los intrépidos defensores de la independencia, en los campos de Santa Rosa y Rivas contra la invasión filibustera; y de los que han derramado su preciosa sangre en las playas de Puntarenas contra una invasión no menos peligrosa y criminal. ¡¡¡Entre estos nombres, el de Don Juan Rafael Mora faltará!!! San José, Octubre 4 de 1860”.

Aunque quizá sí valga la pena, porque mediante un juicio histórico al Presidente Mora, se podría determinar si hubo hechos específicos enmarcados en las figuras delictivas que se le atribuyen. Además, daría una oportunidad para debatir su gestión en todos los campos. Igualmente, obligaría a ir directamente a los archivos y a aportar piezas documentales que sustenten las acusaciones, o que limpien de una buena vez su nombre. ¿Acaso no sería oportuno este ejercicio para despejar la posición que corresponde en nuestra historia a un estadista cuya grandeza ha sido reconocida más en Centroamérica que entre algunos ticos?

Así queda planteada la iniciativa. Lo que resiste, apoya: si algunos no entienden o no aceptan la línea argumental de mi libro sobre dimensiones externas de la gesta encabezada por el Presidente Mora, sus discrepancias pueden ser una ocasión para colocar sobre la mesa y airear ante la ciudadanía lo que realmente exista de prueba a favor o en contra de don Juan Rafael y definir si hay sustento o no para las difamaciones. Quedaría en manos del Colegio de Abogados, la Academia de Geografía e Historia, las universidades Nacional y de Costa Rica (donde se imparte la carrera de Historia) y de la propia Corte Suprema de Justicia, disponer si se realiza un juicio con todas las garantías institucionales y legales, incluidas las reglas procesales y sustantivas a aplicar.

(Quincenario OjO)

Armando Vargas Araya | 7 de Julio 2007

3 Comentarios

* #2147 el 8 de Julio 2007 a las 09:51 AM Flora Fernández dijo:

¿Cómo no van a vilipendiar los pequeños al Gran Mora?

Al exaltar don Armando Vargas la figura de Mora, plasmado en un libro perfectamente documentado, no es de extrañarse que la sangre filibustera dentro y fuera del país brotara de nuevo.

Se les hace necesario volver a fusilar a Mora antes que vuelva a servir de inspiración para quienes luchamos contra el neofilibusterismo.

Retomar a Mora, reconociendo con sus debilidades y errores humanos incluidos, inevitablemente se pone al descubierto las razones por las que tantos se han empeñado en ocultarlo durante 15 décadas.

En buena hora su figura ha sido exaltada y como dicen muchos “Que hablen mal de mí, pero que hablen”

El olvido sería más grave. El simple hecho que hoy se hable de Mora, crispa los nervios a quienes insisten en ocultarlo, porque es inmensamente más grande lo bueno que lo malo.

Así que en buena hora que sigan hablando de Mora, y si quieren juzgarlo que lo hagan diciendo la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad, como lo hace don Armando.

* #2150 el 9 de Julio 2007 a las 02:40 PM Fernando González V. dijo:

Creo que don Juanito Mora brilla con luz propia y por ello no es necesario ningún juicio histórico, sobre todo para satisfacer a los necios y mezquinos de toda índole. Sus elevados servicios a la Patria en los momentos más adversos, lo colocan como una de las figuras señeras de la historia costarricense y centroamericana. Allá sus difamadores, que carguen con su encono. Gracias a don Armando Vargas por situar a don Juan Rafael Mora Porras en su justa dimensión y por hacernos reflexionar sobre la estatura de este gran prócer.

* #2151 el 9 de Julio 2007 a las 03:13 PM RAUL ARIAS SANCHEZ dijo:

¿Juicio a don Juan Rafael Mora? Los que admiramos la figura gigante del Héroe Nacional estaríamos de acuerdo, pero que también se someta a juicio a sus enemigos, la “nueva era” de los Montealegre, traidores y malvados, corruptos y falsos. Adelante con el juicio, la historia absolverá a Mora y a Cañas, poniendo en claro quienes eran los verdaderos enemigos de la patria. Adelante don Armando Vargas, estamos con usted.

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