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Confusionismo ante el TLC

Julio Suñol | 7 de Julio 2007

Confusionismo no es lo mismo que confucianismo. El primero es de confusión, de confundir, de oscuridad en las ideas. El segundo se refiere a quienes practican la doctrina del sabio chino Confucio, letrado y filósofo que vivió cinco siglos antes de Jesucristo y cuyo pensamiento aun ilumina a la humanidad. Buscaba poner orden en el Estado y que los hombres vivieran consecuentes con la virtud. Propugnaba por una conducta política moral.

He quedado confundido (confuso) con la declaratoria de la Sala Constitucional referente a la constitucionalidad del acuerdo comercial que se quiere aprobar (o rechazar) en el referendo de octubre próximo.

La primera duda que me asalta no es de tipo legal o constitucional, sino temporal. ¿Cómo fue posible que en poquísimos días los magistrados se pronunciaran sobre textos complejos que demandaron casi cuatro años de debates, los cuales dieron por resultado un expediente de varias decenas de miles de folios?

¿Tuvieron tiempo para analizarlos en pocos días y formar un criterio claro y contundente sobre materiales respecto de los cuales hubo 5 votos a 2 que igualmente podrían haber sido 4 a 3 en contra?

¿En esos millares de folios no existió, uno solo, uno unísimo de los miles de artículos que no chocara con nuestra maltratada Carta Magna? Nadie puede creer este cuento chino, japonés o alemán. Uno o varios magos usaron varitas encantadas para apresurar el paso. Por solo disimular podrían haber señalado uno, dos o tres artículos ¡Pero ninguno, parece increíble, sino ingenuo, para decir lo menos¡

Los altísimos magistrados que salvaron su voto por no estar de acuerdo con la mayoría y todos los destacados juristas, escritores, políticos, periodistas, catedráticos universitarios o no, quienes hicieron profundos razonamientos escritos y verbales negativos en decenas de foros y en millones de palabras ¿son tontos, mediocres, mentirosos, comprometidos con potencias extranjeras o traidores a la patria que los vio nacer? Imposible. Son personalidades reconocidas que nunca tuvieron “premios” de los utilizados por ciertas trasnacionales para ganar favores y triunfar en sus sucios propósitos mercantilistas.

¿O son todo eso y más quienes apoyan la alegada constitucionalidad del expediente? Ni lo uno ni lo otro. No se puede caer en el extremismo de la representante parlamentaria quien dijo, sin caérsele la cara de vergüenza, que quienes estaban en contra eran “los nuevos comunistas”. Torpe y barato macarthismo político-comercial no digerible a estas alturas del desarrollo mental del pueblo costarricense y de la humanidad.

Debemos distinguir y afirmar que hay por igual personas correctas y de buena fe que están en contra del acuerdo o que se hallan a favor, sin que por ello podamos ignorar que se juegan muchos intereses subalternos en sectores que defienden sus egoístas objetivos materiales, olvidándose de los aspectos de identidad nacional, de patriotismo, de valores jurídicos (disputar las posibles diferencias en tribunales extranjeros, ceder excesivas cuotas de soberanía, defendible incluso en tiempos de mundialización, poner en peligro las medicinas genéricas para que quienes menos tienen —incluyendo la Caja de Seguro Social— puedan adquirir medicamentos en los cuales les va la vida a millares de compatriotas).

Repetimos el ejemplo ya citado antes por este autor, de un amigo costarricense quien padece un mal no vergonzoso y debe pagar en San José US $250 por una caja de pastillas de 28 tabletas, suma con la cual puede comprar 8 (ocho cajas) del mismo medicamento en Perú y en Brasil, porque hasta hoy esos países han protegido las medicinas genéricas, debidamente certificadas por laboratorios de prestigio universal.

Y lo anterior es posible porque al no ser medicinas de marca, los laboratorios no enriquecen a los accionistas, no pagan publicidad mundial en los medios que los avalan, ni cubren salarios millonarios en dólares para ejecutivos con privilegios principescos que viajan en jets propios y cruzan todos los horizontes del globo para cuidar y aumentar sus regalías.

Todos estos argumentos a favor y en contra, resultan vanos a la hora de pensar en lo esencial: puede ser que estemos definiendo que clase de país queremos edificar para el futuro de nuestros hijos, nietos y bisnietos. Yo no quiero una nación que abandone los altos principios de la solidaridad social. En la cual los alumnos les disparen a los profesores y a los compañeros de clase. No deseo una república en la cual los políticos se vendan al mejor postor. No pretendo contribuir a dejar una sociedad en la cual las drogas, las armas y la violencia sean los instrumentos de infernal convivencia. Rechazo una sociedad en la que la pornografía, el dinero mal habido y los nuevos “caballeros” de industria elijan a los gobernantes, presidentes y diputados que fijarán el destino de la comunidad.

Con TLC o sin TLC, lo que debemos defender es todo lo que sea moral, justo, equitativo, humanitario y patriótico. Vivimos un momento estelar en el cual pueda ser que estemos fijando las grandes coordenadas de nuestra historia y los ejes esenciales que sostendrán el porvenir. Quedar aislados no ha de ser una meta, pero quedar incluidos como robots, partes de un engranaje de solo consumidores y proveedores, no es algo que deba mover nuestros corazones y mentes.

Lo primero es Costa Rica, la familia, el decoro nacional, la dignidad patria, la justicia social, la sociedad equitativa y equilibrada que se nos está yendo de las manos porque hay evidencias abrumadoras del crecimiento de las brechas tecnológicas, culturales, económicas y sociales. Este es el nudo gordiano que debemos desatar golpe a golpe, día a día. Si no actuamos en consecuencia, nos veremos, más temprano que tarde, abocados al asentamiento de la violencia criminal creciente, ya haciendo presencia en las páginas de todos los diarios y en los programas de todas las televisoras y radios.

Las señales de alerta están pertinazmente presentes, las luces rojas se encienden todos los días y solo los torpes, ciegos e insensibles no se dan cuenta de estas advertencias.

Que no nos suceda lo que pasó en la Francia prerrevolucionaria, que mientras los poderosos se hartaban de lascivia, gula y vicios, las masas hambrientas, pobres y desesperadas, se armaban con palos para la toma de la Bastilla y, finalmente, del poder sangriento y también corrupto.

Julio Suñol | 7 de Julio 2007

2 Comentarios

* #2145 el 7 de Julio 2007 a las 10:58 AM Carlos Gonzalez dijo:

Ya hicieron todos la lista de los traidores a la Patria? Yo tengo la mia!

* #2153 el 9 de Julio 2007 a las 03:23 PM Rosy Morales dijo:

También tengo la mía. Debemos señalarlos.

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