I) A veces cuesta mucho entender a nuestro país. Bastantes dirigentes cometen errores que luego nos cuestan muy caro a todos. Empero, esos líderes después se quedan guardando un silencio de yo no fui, para lo cual generalmente cuentan con la complicidad de medios de comunicación que, con excepciones notables, se transforman en cómplices del poder y de los poderosos equivocados.
II) En su momento, algunos pocos luchamos por hacer conciencia sobre la importancia de mantener la soberanía alimentaria. Los argumentos eran concretos. No nos dejemos embaucar por la petición de no sembrar todo aquello que podemos comprar más barato en otras naciones. Ese criterio económico neoliberal y posmodernista condujo al país a abandonar o a quitarle importancia a mantener cultivos esenciales como el maíz, los frijoles y hasta el arroz. Cancelamos hace muchos años la producción de maíz amarillo, el cual hoy es oro porque se utiliza para producir etanol como sustituto de la gasolina.
III) Hemos sido notificados de verdades terribles. El alza desmedida y sin precedentes de los precios del maíz amarillo va a repercutir en el costo de la vida de los nacionales. La tonelada métrica de este producto pasó de US $69 en enero del 2006, a US $ 148 en marzo, registrándose un crecimiento de más del 100% de acuerdo con informaciones divulgadas por el Consejo de Producción.
IV) Uno de los principales productos de importación agrícola es este, el cual sirve para procesar alimentos de consumo animal. Según La Nación, el país pagó sólo en el primer trimestre del 2007 US $31,9 millones por el grano, equivalente a un 137% más que en igual período anterior.
Y es que Estados Unidos ha reducido la producción del maíz blanco para darle prioridad al amarillo, necesario para la producción del etanol. Por consiguiente suben los precios de la masa, de las tortillas, de los huevos y de otros productos de las mesas hogareñas, lo que obviamente repercute en los bolsillos de quienes menos tienen. La producción de maíz blanco en Costa Rica es mínima y no significativa lo cual agrava la situación.
El etanol hoy es un factor, pero para justificar nuestro reclamado mantenimiento de la soberanía alimentaria deben conjugarse otros hechos posibles o probables: guerras generalizadas o localizadas, hecatombes, desastres naturales inimaginables, etcétera.
V) Cuando se anunciaba en los años 90 el cierre del histórico Ferrocarril Eléctrico al Pacífico, emprendimos una campaña editorial para oponernos a ese desaguisado. Los argumentos que esgrimimos fueron simples y directos: a) Esa vía, en caso de una guerra mundial, nos facilita el acceso al más importante puerto del país para continuar en lo posible las exportaciones e importaciones. b) Al ser una vía electrificada, no necesitamos combustibles caros y eventualmente escasos. c) Protegemos nuestra carretera al Pacífico, que se verá (y lo fue) muy afectada por el transporte de cargas pesadas como hierro, cemento, varillas de construcción, etcétera. d) El precio de ese transporte es mucho más barato.
VI) Estos argumentos no tuvieron recepción en los círculos decisorios del poder político. Al final se clausuró el Ferrocarril, quedamos dependiendo de medios de transporte más caros y más destructivos de nuestra vía al Pacífico y dejamos vigente el peligro de que una crisis mundial nos aísle o dificulte la comunicación con el mundo exterior. Si no bastara, se mantuvo una elevada planilla burocrática, como si la entidad estuviera generando ingresos y, al día presente, nos preguntamos si esa planilla se mantiene.
VII) Finalmente vino el absurdo de cerrar precipitadamente el más que centenario Banco Anglo Costarricense. Se despilfarraron miles de millones de colones. Las cosas habrían sido diferentes si la institución se recapitaliza, se mantiene abierta y cobra lo debido a los centenares de deudores. Además, así se hubiera hecho justicia para que pagaran todos sus delirios financieros y sociales (y no solo unos cuantos).
Final) Nuestras voces editoriales (y las de algunos pocos más) no fueron atendidas en ninguno de estos tres temas, tan recientes como que sucedieron prácticamente ayer. La soberbia del poder, los intereses creados o la torpeza, condujeron a estos fracasos financiados con el esfuerzo de toda la nación. ¿Cuándo aprenderemos las lecciones y aceptaremos que otros también pueden tener razón?
Julio Suñol | 21 de Julio 2007


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