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Los patos cojos

Julio Suñol | 3 de Junio 2007

En Estados Unidos de Norteamérica llaman “pato cojo” (lame duck) al alto funcionario, generalmente el Presidente de la República, que por estar a punto de ceder el poder empieza a perder rápidamente ascendiente político sobre los personeros del Estado y de cara a la opinión pública.

Generalmente el calificativo se lo gana el primer mandatario a punto de entregar el Gobierno. Y más aún si ese funcionario no tiene posibilidades de ejercer otro período. Es exactamente la condición del presidente George W. Bush.

En estos días estamos viendo en la práctica lo que eso significa.

Para sorpresa de algunos y sin sorprenderse la mayoría, están viendo dentro del país algunos golpes de timón del mandatario. Verbigracia, cuando ha pedido un presupuesto de 30 mil millones de dólares para fortalecer la lucha contra el sida.

Igualmente, adelantándose a la Cumbre de los Ocho (países más industrializados del mundo, quienes se reúnen del 6 al 8 de junio en Alemania) ha propuesto él, —que se negó siempre a respaldar el Protocolo de Kyoto contra la emisión de gases invernadero— un plan tendiente a lo mismo con ciertos matices pero aceptando la fijación de objetivos a los cuales antes estuvo renuente. Un bienvenido avance de última hora.

No quiere que Alemania, por medio de su Cancillera Angela Merkel, sea quien lleve la voz cantante en la próxima cita de los 8 Grandes. Esta nueva dama de hierro de la política europea, está empeñada en que haya un acuerdo en el sentido de limitar el aumento de las temperaturas globales en dos grados. Todo ser humano sensato debe apoyarla.

Quizá lo que a George Bush no le gusta, es la tabla de fijaciones porcentuales sobre el calentamiento global, mas está demostrando que en esto también tiene un cambio de visión. Quizá esté diciendo: como ya me voy, y soy un “pato cojo”, mejor hago algunas concesiones porque la Historia me está mirando y tengo encima la pesada carga de Irak.

Estos cambios también se notan —aunque todavía parecen imperceptibles— en cuanto a su enfrentamiento con Irán y Corea del Norte y hasta en relación con el garrafal error que fue la invasión unilateral a Irak y a espaldas de las Naciones Unidas, con solo el apoyo de algunos pocos países sin importancia militar ni financiera para ese tipo de acción. Pasaron los tiempos en que pudo decir que su país era capaz de sostener dos guerras al mismo tiempo.

Hoy, en Estados Unidos, analistas importantes y líderes de grupos de estudio de relevancia mundial, llaman la atención sobre que debe de haber un cambio de rumbo respecto a Cuba, no para reconocerla abiertamente por ahora, ni para concederle ya vigencia diplomática internacional, pero sí para hablar de que cualquier eventual cambio allí debería observar el otro error cometido en Irak, país en el cual destruyeron al poderoso partido Baas de Hussein y al ejército. Estos eran las columnas sostenedoras de la cruel dictadura, pero asimismo de la unidad nacional hoy totalmente resquebrajada. La nueva y mayor carnicería del globo debe ser clausurada.

Lo que se evidencia una y otra vez es que el mundo está siempre en movimiento, siempre buscando el cauce, y los “patos cojos” se producen en todos los meridianos. Hasta los más duros e inflexibles en sus posiciones, de izquierda y de derecha, van cambiando, ya sea por realismo (real politik) o por cálculo, o por debilidad imparable. Nadie puede sostenerse en puntos duros y ciegos.

Véase lo último: el mandatario perdió otra batalla cuando los más importantes países del globo, agrupados en el Banco Mundial, le rechazaron su petición para sostener en el timón del organismo a Paul Wolfowitz , su gran amigo y arquitecto de la guerra de Irak. Este rompió con el código de ética de la institución, usando el dinero del resto de los socios, incluyendo el de los norteamericanos, para ajustarle el sobredimensionado salario a su novia y subalterna. Su conducta fue intolerable. Nada pudo hacer usamérica para imperar, a pesar de contar con la mayoría del poder accionario. A veces los poderes no pueden.

Algo que le da algún aire a George Bush en su posición, todavía reservada en cuanto a las discusiones y acuerdos que se han de tomar en Europa para vencer los males de un cambio climático que amenaza con destruirnos a todos, es que Alemania quiere reducciones obligantes de gases contaminantes y Washington no.

Bush probablemente torna los ojos hacia China y la India y se da cuenta de que son dos naciones altamente competidoras en desarrollo económico desorbitado, y no acepta que deban seguir creciendo sin hacer también el sacrificio de limitar el avance de sus economías y sin aplicar una restricción en la producción de los gases de efecto invernadero. ¿Por qué nosotros sí y los chinos y los indios no?, dirá Bush como excusa, por más que se reconozca urbi et orbi que el mayor contaminante del universo es Estados Unidos de Norteamérica y su Gobierno ha sido el menos solidario con el mundo en la urgencia de poner un freno a este suicidio colectivo.

Julio Suñol | 3 de Junio 2007

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