Totalmente de acuerdo con establecer relaciones diplomáticas con Beijing. Pero en desacuerdo con las formas y el procedimiento usados con Taiwán. Y esto no porque la Isla merezca demasiadas consideraciones, a pesar de la generosidad con que compró la amistad de gobiernos y dirigentes de todas las jerarquías. No se puede olvidar que entre las cosas inaceptables venidas de Taiwán, estuvieron las donaciones y aportes a los partidos políticos, los cuales constituyeron una intervención en la vida interna de Costa Rica, tan criticable como la que puedan tener los jerarcas venezolano, cubano o norteamericano.
Asimismo, por esta vía se introdujo la corrupción, todavía no totalmente revelada, pero en camino de conocerse. No existe nada oculto por siempre en esta tierra.
Cuando fui Presidente del Colegio de Periodistas en 1970, La Nación me interrogó para que dijera si estaba a favor o en contra del restablecimiento de las relaciones diplomáticas con la entonces Unión Soviética, decisión tomada por el presidente José Figueres Ferrer. Existía una campaña feroz contra tal medida.
Contesté que estaba de acuerdo siempre y cuando ello significara ventajas de tipo comercial y económico mas, eso sí, que se respetaran sin dobleces la soberanía costarricense y nuestro modo de vida. El matutino abrió su principal título del día con mis declaraciones. Los cafetaleros estaban regocijados porque en medio de una de las crisis estacionales, iban a vender, y vendieron, el café nacional que no encontraba mercado. Aunque las ranas que buscaban rey mostraban su furia contra esa resolución.
Lo malo y lo feo de nuestras relaciones con Taiwán, fue que imperó una especie de fiesta de oportunismos mutuos. Ellos obtenían amistad oficial y hasta popular, a cambio de lo que regalaban y prestaban en efectivo y en especie. Parte de sus regalos fueron los corredores aéreos que se abrieron anchurosos para que por medio de ellos viajaran todos los turistas que de alguna manera tenían o hacían creer que tenían alguna influencia en la vida pública de Costa Rica.
Lo malo y lo feo de nuestras nuevas relaciones con Beijing, es que sin haber sepultado al muerto taiwanés y con su cadáver todavía frío, se informa de las gestiones oficiales para que Beijing nos conceda préstamos millonarios e inversiones, sea por medio de bonos o por préstamos e inversiones directas. Suena de mal gusto. Deberían haber esperado, por lo menos, a que pasara el novenario.
Aspiro —con dignidad de costarricense— a que no hagamos con Beijing lo mismo que practicamos con Taiwán, no por ellos, sino por nosotros. Porque da vergüenza local e internacional. Como dio vergüenza saber, en algún momento, que los buenos chinitos pagaban parte de las planillas de cierto personal interno de la Cancillería costarricense, lo que parece que en buena hora dejó de suceder. No conocemos por obra piadosa de quién.
En resumen: deberíamos aprovechar las lecciones y los ejemplos vergonzosos de un pasado reciente, para no repetir los mismos actos en los cuales dos socios interesados e igualmente oportunistas jugaron con las mismas malas artes y terminaron divorciándose de la peor manera.
Y para quienes de verdad tengan interés en conocer por qué la China actual logró lo que ha conseguido (y que todavía no está totalmente asegurado) es bueno que lean el libro de Jeffrey Sachs, según el New York Times el economista más famoso del mundo. La obra se titula El Fin de la pobreza. Cómo conseguirlo en nuestro tiempo. Fue editada por Penguin Press, de Nueva York y en español ha sido publicada por Random House-Mondadori.
Allí se explican los fracasos originales de la China comunista, con “El gran salto adelante” (1958-1961) y con la llamada “Revolución cultural”(1966-1976) . Asimismo, se destaca la tarea valiente y visionaria del líder Deng Xiaoping, quien tomó el poder en 1978 y aplicó reformas económicas de tal importancia que convirtieron a China en la potencia económica de la actualidad. Y no todo ha sido miel sobre hojuelas. Hay muchos problemas no resueltos, como los chinos siempre lo dijeron y como me lo explicaron a mí en Beijing en dos visitas de trabajo periodístico realizadas en 1960 y en 1998. Dichas opiniones las vertí en los reportajes que elaboré para la prensa internacional (Associated Press, La Prensa Libre y American Literary Agency).
La sección del libro de Sachs, que trata exhaustivamente sobre China en uno de los capítulos que va de la página 217 a la 246, debería ser una guía objetiva, racional e inteligente para los líderes públicos de Costa Rica que tengan relación con el tema desde los Poderes Ejecutivo y Legislativo. Para que sepan que tendrán que tratar con gente seria, madurada por medio de experiencias a veces terribles, pero siempre empeñada en construir una nación más equilibrada y justa. Y en eso están, sin engañarse en conexión con las dificultades todavía existentes que, creemos, de mejorar aun más las condiciones institucionales, sociales y económicas del país, pueden conducir a oxigenar la vida política y comunitaria de una nación en búsqueda de su destino desde hace por lo menos cinco siglos.
Julio Suñol | 14 de Junio 2007


1 Comentarios
Sus ideas y actuaciones muestran una entereza y una línea diáfana de principios, que brillan por su ausencia en nuestra clase política.
Sin duda la ruptura con Taiwán está precedida por el tintineo del vil metal, pero ciertamente hay (había) mil formas más elegantes y dignas de decretar el cambio de rumbo. Entonces hubiera sido muy respetable y respetada la decisión. Ecuánime.
Es increíble que esto sucediera con un Premio Nobel a la cabeza del gobierno. Qué grosería, qué torpeza, que cinismo y hasta vulgaridad. ¡Qué pena por nosotros, que sentimos vergüenza ajena! Impotentes.