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Retiro agenda de implementación

Columnista huésped | 23 de Mayo 2007

Siempre hemos querido un TLC con EE. UU. (Europa, China, Japón), pero renegociado

Por Ottón Solís

Los 13 proyectos de ley de la llamada agenda de implementación son parte inseparable del TLC. Tanto es así, que si este fuese ratificado pero uno solo de esos proyectos no fuese aprobado, el TLC no entraría en vigencia. Todos se mencionan en el TLC como obligaciones complementarias que debe cumplir el país y corresponden íntegramente a la ideología plasmada en el TLC. Algunos de los temas controversiales del TLC están contenidos en esa agenda de implementación.

Por la anterior, no sería honesto, y menos democrático, anunciar con bombos y platillos que el pueblo decidirá sobre el TLC y al mismo tiempo mantener en conocimiento de la Asamblea Legislativa esa agenda de implementación. Si es el pueblo es el pueblo, y no 57 diputados. Si una parte del TLC se procesa en la Asamblea Legislativa mientras se le dice al pueblo que él es el que decide por medio del referéndum, se estaría gestando una burla y el viento se habría llevado toda la retórica relacionada con el acto democrático que significa el referéndum.

Por lo anterior he solicitado al Presidente que se proceda a congelar el conocimiento por parte de la Asamblea Legislativa de la agenda de implementación al TLC. Si no se procede de esta manera, el Gobierno estaría actuando bajo el errado supuesto de que una cosa es el TLC y otra la agenda de implementación y que procedería someter al pueblo el referéndum y al mismo tiempo promover esa agenda en la Asamblea Legislativa.

El PAC no puede cohonestar ese engaño. Me he referido a este tema ya en tres cartas enviadas al Presidente y nuestros diputados han sostenido numerosas conversaciones con diputados de las fracciones que apoyan el TLC.

Si el Gobierno prosiguiera con esa agenda en la Asamblea Legislativa, estaría actuando como si el TLC y la agenda de implementación fuesen asuntos independientes. En esas circunstancias nosotros también asumiríamos que el TLC es un proyecto independiente, y por lo tanto el resultado del referéndum no nos comprometería en relación con esa agenda. Esto nos obligaría a utilizar todas las herramientas institucionales que nos permite el reglamento legislativo, para impedir que se cohoneste el engaño al pueblo. Esta acción a favor de la democracia y de la integridad del referéndum, continuará aún en el desafortunado caso en el que ganara el SÍ.

Esperamos que el NO gane en el referéndum y que, por lo tanto, para bien de este país, no habrá TLC. Mientras tanto, si se congela esa agenda, se estaría aceptando entonces que el TLC y la agenda de implementación son un todo inseparable. Si se procede de esta manera y desafortunadamente ganara el SÍ en el referéndum, jamás seríamos un obstáculo para que el país tenga lista esa agenda, necesaria para la entrada en vigencia del TLC, en el plazo requerido. Ese es nuestro compromiso.

Un acuerdo en estos términos abriría muchos espacios en las semanas y meses que se avecinan, para discutir, construir y avanzar sobre los numerosos temas del desarrollo y de modernización del Estado que están pendientes. Estoy seguro que con nuestras propuestas, las del Gobierno, las de otros partidos políticos y las de los sectores sociales, empresariales y académicos, podríamos, por medio del diálogo, encontrar muchas áreas de acuerdo sobre la Costa Rica del siglo XXI y como lograrla.

Los defensores del TLC han sido sordos a sugerencias, aun de quienes hemos querido un TLC con Estados Unidos. Al contar con mucho del poder institucional y la complacencia de algunos medios de comunicación, no han sentido la necesidad de poner atención a las propuestas de quienes también tenemos derecho y mandato para impulsar nuestra visión sobre la modernización del país. Por ejemplo, hoy queda totalmente demostrado que estos TLC se podían renegociarse (aún después de ratificados legislativamente). Pero cuando lo sugerimos desde el primer día después de conocer el TLC acordado, se desechó con mentiras la propuesta.

Los puntos que se están renegociando en los TLC de algunos países, con el total acuerdo en Washington, son idénticos y van en la misma dirección de las objeciones nuestras. La terquedad de algunos ha hecho más acérrima la oposición y vergonzosamente hace que tengamos ante nosotros un TLC peor que el de algunos países que ni por asomo tienen el prestigio de Costa Rica. Espero que en este caso se considere nuestra justa y equilibrada propuesta.

En el ínterin, los círculos alrededor del Gobierno que desean y promueven la polarización del país, ahora intentan utilizar las posiciones de los presidentes de Venezuela y Cuba para desacreditar la lucha contra este TLC. En esos círculos saben que el PAC y este servidor tenemos cero relaciones con Chávez o Castro y que nunca hemos tenido contacto con ellos, ni hemos recibido ni aceptaríamos un centavo de su dinero. El PAC es la antítesis de la demagogia y de las simplificaciones, lo cual automáticamente nos ha diferenciado tanto del neoliberalismo, sobre todo el criollo, como de lo que podríamos denominar el neobolivarismo.

Intentar equiparar a toda la gente que en Costa Rica se opone a este TLC con Castro y sus correligionarios, por el hecho de que ellos se oponen a los TLC, es destructivo e irracional. En primer lugar, estos personajes se oponen a cualquier TLC con los EE. UU., mientras que nosotros siempre hemos querido un TLC con este país (y con la UE, el Mercosur, China, Japón, etc.). Lo que sucede es que creemos que este TLC debe ser renegociado, pues así como está no conduce al bien común.

En segundo lugar, intentar asemejarnos a Castro y Chávez por la posición ante el TLC es tan absurdo como que intentásemos asemejarnos a los que apoyan al TLC con algunos cuestionados expresidentes, simplemente porque también lo han apoyado o con uno de los presidentes de más dudosa reputación moral que ha tenido Latinoamérica, Salinas de Gortari, quién fue pionero de ellos. De igual manera sería disparatado pedir que se nos asemejara con más de la mitad del Congreso de EE. UU., únicamente porque también se opone y desea renegociar varios aspectos de estos TLC.

Mi propuesta al Presidente para congelar la agenda de implementación nos trasportaría de este clima de polarización a uno de gobernabilidad. Pero, sobre todo, sería una señal de respeto al pueblo y a la majestad democrática del referéndum.

(La Nación)

Columnista huésped | 23 de Mayo 2007

2 Comentarios

* #1823 el 23 de Mayo 2007 a las 04:29 PM Dilson Vargas dijo:

Es imposible negociar con los Arias. Han cerrado todas las posibilidades de diálogo una y otra vez

* #1827 el 24 de Mayo 2007 a las 02:05 AM José Calvo Fajardo dijo:

Para el pueblo costarricense la agenda complementaria es parte del TLC como aparenta. Pero para la élite en el poder, es un intento de reforma estructural, de modo que si pierden el referendum, ya hicieron la reforma. Esta está incluída en el TLC porque es parte de la conspiración que señala don Juan Manuel recientemente citando a un economista norteamericano. Pero como el país sí necesita una reforma estructural, hay que señalar que hacen una elitista, discriminatoria, donde se conservan y se aumentan los privilegios de la élite. Por eso insisten en su agenda complementaria.

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