Apenas llevamos unos días desde que el Tribunal Supremo de Elecciones convocó al referéndum y ya tenemos los primeros triquitraques: que Chávez financiará al NO; que las multinacionales financiarán al SÍ… que el comunismo internacional apoya al NO (el embajador de Estados Unidos dijo que apoya al SÍ). Mejor no tirar piedras al otro lado cuando uno tiene techo de vidrio.
El foco de preocupación es el origen del financiamiento político. Hay un temor legítimo de que, como en las elecciones, el financiamiento ilegal se meta. En esto, los diputados aprobaron una ley de referéndum con más huecos que las calles ticas. Dice que solo se permiten contribuciones de hasta 20 salarios base de un oficinista (unos 4 millones de pesos). Pero, hecha la ley, hecha la trampa: ese límite es por persona física (usted o yo) y también –¿quién fue el vivillo?– por persona jurídica. Cualquiera parte en pedacitos un gran financiamiento y lo canaliza por un montón de sociedades anónimas a las que vaya a usted a seguirles la pista.
¿Qué hacer cuando la misma ley crea incentivos al financiamiento espurio? Una solución es que el SÍ y el NO se comprometan a no recibir dineros raros. ¡Cajita blanca para Varguitas! Una solución más simple y efectiva es la siguiente: poner topes globales razonables al gasto de propaganda en los medios de comunicación. Si cada parte está autorizada a gastar hasta un monto, ¿para qué pedir más plata si no puede gastarla? Es una idea práctica porque existen los medios para registrar las pautas publicitarias día a día. Como el TSE no puede imponer este tope, las partes tendrían que acordarlo y seleccionar el medio de verificación.
La pregunta es por qué el SÍ y el NO querrían hacer algo así. A los del NO les conviene porque están en desventaja de recursos. A los del SÍ también, aunque tengan ventaja. Un gran desbalance de recursos puede provocar un efecto boomerang: un riesgo de saturar a la gente y crear sospechas sobre el origen de tanta plata. Además, como vimos en el 2006, de nada le sirvió al PLN tener una inmensa ventaja propagandística.
Creo que buena parte del electorado no se movilizará por la propaganda, sino por el trabajo de hormiga y el convencimiento, vía “Radio Bemba”. ¿Por qué no intentar una regla de fair play? El referéndum debe no solo ser honesto, sino parecerlo. Vean ustedes lo que le pasó, por su mal manejo, a la Concertación: diez años después sigue más quemada que un bombillo viejo. El gran pendiente, sin embargo, es la reforma al financiamiento político. Si los diputados no quieren reformar, los ciudadanos pueden empezar por algo práctico.
(La Nación)
Jorge Vargas Cullel | 23 de Mayo 2007


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