Hasta hace muy pocos años, la mayoría de nuestros historiadores solo se atrevían a llegar en sus escarceos hasta las vísperas de los acontecimientos de 1948-1949.
No es que fueran malos en su profesión u oficio, sino que persistían los tabúes propios de sucesos que habían conmovido y dividido a la familia costarricense, que por pequeña no resultaba menos agresiva a la hora de las confrontaciones.
Pasó el tiempo y todo fue cambiando, gracias a los buenos ejemplos establecidos por hombres como Monge Alfaro, Obregón Loría y algunos otros de igual categoría académica y ética.
Fueron emergiendo alumnos que osaron pasar el Rubicón de las limitaciones mentales y de los prejuicios, y unos pocos se atrevieron a superar la frontera atemorizante del 48. No solo escribieron a su manera, sino que interpretaron, todavía con cierta timidez, aquellos hechos que para los connacionales resultaron traumáticos.
De rondón apareció un periodista-investigador como Armando Vargas Araya, quien fue juntando papeles de aquí y de allá, en idiomas distintos y de diferentes continentes, para buscarle a Juan Rafael Mora los singulares perfiles que lo evidenciaran en sus múltiples facetas de gran estadista, soldado, diplomático, escritor y héroe.
Con esos documentos y su perspicacia de globalista –aquí sí cabe el calificativo– nos puso ante nuestros ojos la realidad de lo que significó aquel singular hombre, vencedor junto a su pueblo de las oscuras fuerzas esclavistas sureñas de los Estados Unidos de Norteamérica, que llegaron al Istmo con la consigna de “todas o ninguna”. Y empezaron por apoderarse de Nicaragua.
William Walker había escrito su libro sobre La Guerra de Nicaragua, luego de su primer fracaso militar, obra pergeñada con el propósito de recoger dividendos de derechos de autor para acumular capital y retornar a su maligna aventura.
Ese libro le sirvió también de tarjeta de presentación para convencer a avariciosos inversionistas del buen negocio que harían si le agregaban dólares a su bolsa de esclavista profesional.
Algo no muy conocido es que Walker, al escribir su libro, subrayó el valor y el coraje de los campesinos costarricenses que lo enfrentaron. El mismo filibustero se preguntó en su obra cómo había sido posible que gente de a pie, sencilla, sin instrucción militar y en desventaja de armas frente a su legión de bucaneros, hubiese sido capaz de infligirle la primera derrota.
Don Enrique Guier nos dejó un brillante y extraordinario libro, tan bueno que ninguna editorial se volvió a ocupar de él. Así sucede (¿sucedía?) en nuestra patria. El trabajo de don Enrique fue un aporte esencial para conocer no solo sobre los hechos gloriosos de 1856-1857, sino también para medir la categoría humana de los patriotas que entonces dirigieron a nuestros paisanos hasta la gloria final. Y al decir gloria, debemos entender gloria por el honor y el orgullo de hacer flamear y enarbolar nuestra nacionalidad ante los ojos del invasor y de los malos hijos, para quienes la Patria no tenía el valor ni el sentido que los buenos sí le daban.
Y hoy tenemos este magnífico libro* de Vargas Araya que le descubre y reconoce –documentadamente– a don Juan Rafael Mora, la dimensión universal que tuvo como presidente, jefe de Estado, estratega, comandante en jefe del ejército y diplomático aguzado, previsor de los peligros que otros nunca vieron o no quisieron ver.
Sobresale Mora en su condición de luchador en el campo de batalla, movilizador de la conciencia continental y extrancontinental y, finalmente, víctima de unos asesinos que sí sabían por qué lo mataban físicamente. Pero ignoraban que lo colocaban en el altar supremo de la patria, en donde los pueblos agradecidos incorporan a sus dirigentes más esclarecidos.
Armando Vargas, con este libro, abrió otra dimensión de la historia costarricense. Develó la figura gigante y desconocida de un grande hombre. Logró destacar la condición excelsa del líder que no escatimó esfuerzos para servir a la patria, y que estuvo dispuesto a hacer tantos o más sacrificios que los solicitados a sus compatriotas para proteger el honor nacional: la soberanía, la libertad, la dignidad y el orgullo de llamarnos costarricenses.
- El lado oculto del Presidente Mora: resonancias de la Guerra Patria contra el filibusterismo de los Estados Unidos (1850-1860), publicado por Editorial Juricentro (teléfono 221 1407), distribuido por Librería Internacional.
Julio Suñol | 28 de Mayo 2007


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