• Palabras en el Foro de la Escuela de Historia de la Universidad de Costa Rica “Seis obras reciente publicación sobre la Campaña Nacional, en la voz de sus autores”, 16 de mayo de 2007.
Expreso respeto y gratitud a cada uno de los autores presentes, quienes han sintetizado en sus obras, estudios, investigaciones, conocimientos e inteligencia, el trabajo de muchos años. Cada cual, desde su perspectiva y con su método, ha hecho un aporte único en la búsqueda colectiva de la elusiva y siempre evolutiva verdad histórica. El monopolio de la verdad, es mentira. Antonio Machado decía: “Tu verdad no; la verdad / y ven conmigo a buscarla. / La tuya, guárdatela”.
El lado oculto del Presidente Mora (Editorial Juricentro, 2007) es un intento por iniciar la revelación de la faz luminosa del gran estadista que, con valor y sabiduría, condujo al Pueblo Costarricense en la guerra de nuestra Segunda Independencia. Su nombre debe inscribirse en el libro de oro de los grandes libertadores.
Analizo la coyuntura geoestratégica del conflicto. 1] La añeja disputa entre el Reino Unido y la Unión Americana por el dominio del istmo centroamericano, clave para el tráfico comercial marítimo entre el Atlántico y el Pacífico. 2] La incidencia de la Guerra de Crimea en la Guerra Patria: ocupadas las manos de los británicos en el Cercano Oriente, los usamericanos meten las suyas para impulsar la agenda expansionista en el Gran Caribe. 3] El filibusterismo como concreción del destino manifiesto y el movimiento Young America del partido Demócrata. 4] La dilatación de la doctrina Monroe para impedir que Costa Rica y Nicaragua obtengan la protección de Francia.
Reseño y examino la solidaridad con Costa Rica y Centroamérica. a] La iniciativa del chileno Francisco Bilbao en París. b] El tratado continental de unión suscrito por Ecuador, Chile y Perú. c] El tratado de confederación defensiva, suscrito por siete países en Washington. d] La convocatoria de Costa Rica al Gran Congreso Iberoamericano en San José. Exploro los alcances de las misiones diplomáticas a Centroamérica, a Chile y al Perú, y las misiones chilena y peruana a Costa Rica. Señalo la oposición sistemática del aparato diplomático-político de Washington contra cada paso del Presidente Mora en la construcción de alianzas.
Doy cuenta de la propuesta oficial de Nicaragua para fusionarse con Costa Rica en la República del Istmo y las consiguientes objeciones de los Estados Unidos. Pongo en perspectiva el objetivo permanente de Washington de unir estas cinco repúblicas en unos Estados Unidos de Centroamérica. Este es el contexto para la oferta del Presidente Buchanan al ex Presidente Mora de impulsarlo como líder de Centroamérica, tentación que rechaza porque es un costarricense bien nacido.
La investigación en archivos y bibliotecas destilada en este trabajo, me ha tomado casi 40 años. Utilizo archivos de Francia, el Reino Unido, España, los Estados Unidos y Costa Rica, así como numerosas fuentes bibliográficas de muy diversos países. He consultado hemerotecas de esos países y de Latinoamérica. Esta investigación es un empeño puramente personal, sin atadura alguna a becas o donativos, instituciones o gobiernos; el trabajo se sustenta en un criterio independiente de escuelas, capillas o familias.
Si expongo, de preferencia, las repercusiones externas de la Guerra Patria, el hilo conductor es el pensamiento y la acción del Presidente Mora. Documento la quinta columna traidora al servicio del interés esclavista, cuyos miembros escriben y son elogiados por el aparato de propaganda filibustero. Hay revelaciones sobre la conjura de junio de 1856, que fructifica a los 36 meses en el golpe de Estado del 14 de agosto de 1859 y el crimen de Estado del 30 de setiembre de 1860. Al Presidente Mora lo asesina el Gobierno de Costa Rica por hacer la guerra al expansionismo de los Estados Unidos y por establecer el Banco Nacional de Costa Rica de propiedad mixta y alcance centroamericano.
La victoria decisiva de Costa Rica sobre la invasión usamericana es el hecho más prodigioso de nuestra existencia democrática y republicana; si el expansionismo esclavista impera, desaparece la nación soberana surgida en 1821. El triunfo alcanza dimensiones continentales porque el efecto dominó hubiera ampliado ese vasallaje hasta la Patagonia. El éxito geoestratégico de Costa Rica refulge en el mundo porque asegura la supervivencia de la cultura latina, la lengua española y la religión católica en el Hemisferio de Colón. El ojo y el coraje del Presidente Mora son determinantes en el proceso genésico del nombre y la identidad de Latinoamérica. Es el Pueblo Costarricense liderado por su Presidente Constitucional el que yugula y corta el hilo de la vida a la falange filibustera.
Al cabo de casi cuatro décadas de estudio y examen, concluyo con la certeza de que, para la mayoría de los costarricenses, la faz luminosa del Presidente Mora ha permanecido velada por siglo y medio. Quienes rompen el orden constitucional y cometen el atroz magnicidio, asesinan también la personalidad del Mártir de Puntarenas al escribir el guión de la leyenda sucia que lo desfigura en la historia ordinaria, repetida en ánimo parricida desde el desconocimiento o la mala fe malinchista.
El Presidente Mora tiene mucho qué hacer en Costa Rica todavía. Es el mejor Presidente de la República de todos los tiempos. Todos los costarricenses somos hijos de don Juan Rafael Mora, de su espada, de su sabiduría, de su sacrificio. Es padre de nuestra democracia. Es hombre solar, homagno que acepta su misión, la ennoblece y la cumple. Tenemos derecho a conocer la verdad real, que se nos ha ocultado hasta ahora por intereses inconfesables. Esa verdad nos hará más libres.
Armando Vargas Araya | 17 de Mayo 2007


16 Comentarios
En su afán por exaltar a Juan Rafael Mora, Armando Vargas tiende a descartar toda la evidencia que no apoya su punto de vista, sin detenerse, siquiera, a considerarla. Así no procede un periodista; tampoco un historiador. El objetivo del análisis histórico es comprender los procesos de cambio de las sociedades, no la celebración de individuos.
Cuando Vargas afirma, por ejemplo, que Juan Rafael Mora es padre de nuestra democracia, deja de lado que fue precisamente en el período de gobierno de Mora (1849-1859) cuando el derecho a la ciudadanía estuvo más restringido en toda la historia de Costa Rica.
Es difícil de entender cómo este tipo de verdades nos hará más libres.
La “leyenda sucia” sobre el Presidente Mora se escribe en tres tiempos. (1) En el periódico filibustero de William Walker, “El Nicaraguense”. (2) En el folleto de los que rompen el orden constitucional en 1859 y en el libro de quienes cometen el doble crimen de Estado de 1860 —asesinatos de Mora y Cañas—. (3) En los “iconoclastas” que todavía repiten la “leyenda sucia”. Es don Ricardo Jiménez Oreamuno quien escribe en 1913: “Somos país autónomo y podemos los costarricenses hacer elecciones a estas horas por aquéllos que salieron en 1856 y 1857 al encuentro de la muerte, y pagaron su deuda de patriotismo con la mejor moneda: con la de su sangre” (citado por Iván Molina en “La Campaña Nacional”, página 12). Entre don Ricardo y Molina, me quedo con don Ricardo.
Atropella la verdad el que pretenda atribuir al Presidente Mora la Constitución (reformada) de 1848, cuya paternidad corresponde a su antecesor. “En 1848, por la vía de la simple enmienda, el Dr. Castro emite realmente otra nueva carta en la cual se perfecciona la prepotencia del Ejecutivo. Carrillo usurpó sin duda el poder constituyente […] pero el Dr. Castro lo desnaturaliza para siempre”, afirma Mario Alberto Jiménez en “Desarrollo constitucional de Costa Rica”, p. 142. Entre don Mario Alberto y Molina, prefiero a don Mario Alberto.
No parece que don Iván haya leído mi libro “El lado oculto del Presidente Mora”, cuyo tema principal es la repercusión externa de la Guerra Patria, si bien el hilo conductor de la narración es la dirección política del Presidente Mora. Hay ahí testimonios irrefutables de los corresponsales del “New York Times”, de los cónsules británico y estadounidense, de enviados especiales y embajadores de Estados Unidos que dan nueva luz sobre el golpe de Estado de 1859 y los hechos de sangre de 1860. ¿Habrá leído Molina?
A don Iván le encanta juzgar y desdeñar a todo aquel que disienta de su línea de trabajo. Desde luego, rechazo la arrogancia egoísta de su condena a mi oficio de periodista y a mis ensayos de investigación histórica. El monopolio de la verdad, es mentira.
Pueden los lectores de Tribuna Democrática analizar “La Campaña Nacional” de Molina y “El lado oculto del Presidente Mora” de mi autoría, para que cada quien se forme su propio criterio.
Idiay, uno se pregunta si no será la cochina envidia la que motiva posiciones negativas y estériles como las del Sr. Molina. Como que los celos profesionales carcomen más que el ácido de batería. Sería interesante que este señor escriba un libro que diga todo lo que siente contra don Juan Rafael, pero que no se deje nada en el buche. Si se pone en venta, yo lo compro.
Tal parece que don Armando no ha comprendido el sentido fundamental de la crítica que he hecho a su libro. Esa crítica es que la historia, como disciplina científica, no tiene por objetivo exaltar figuras individuales, sino analizar procesos, y que este análisis debe considerar toda la evidencia disponible. Cuando don Armando parte de que los cuestionamientos al gobierno de Juan Rafael Mora y a Mora mismo no son más que una leyenda sucia, clausura de antemano toda posibilidad de análisis histórico de lo que parece haber sido el primer gran ciclo de corrupción en la historia de Costa Rica.
Igualmente, cuando don Armando plantea que Juan Rafael Mora es el padre de la democracia costarricense y no considera la restricción a los derechos ciudadanos que prevaleció durante el período que ocupó la presidencia (1849-1859), clausura de nuevo la posibilidad de investigar cómo esa restricción favoreció, por ejemplo, las políticas de privatización de tierras impulsadas por su administración. Así, aunque la administración de Mora no es responsable de la Constitución de 1848, la evidencia disponible indica que se benefició ampliamente de ella.
Se equivoca don Armando al sugerir que no he leído su libro. Precisamente, porque lo he leído, puedo afirmar que está escrito con criterios que se apartan significativamente de lo que debería ser una investigación histórica profesional del pasado.
Lamento que don Armando interprete mis cuestionamientos en términos de desdeñar a los que se apartan de mi línea de trabajo. Al comentar su libro, yo no he defendido una línea de trabajo, he defendido los fundamentos básicos de la historia como disciplina científica.
Por último, agradezco a don Armando por llamar la atención de los lectores de Tribuna Democrática sobre mi modesto libro acerca de la Campaña Nacional.
PD. Me alegra no contar con el respaldo de alguien como don Juan Peregrino.
Parece que la única Historia de Costa Rica que se escriba (la que se hará, la que se ha hecho y la que se hizo) es la que sale de la mano del señor I. Molina. Lo posee acaso la diosa Clío o alguna otra musa que lo haga pronunciar tal cosa?
Tal actitud no es prepotencia intelectual, ni ejercicio de autoridad académica que más pareciera autoritarismo, sino algo más simple y prosaico: egoísmo puro.
Sustentará el señor I. Molina sus “demasiados libros” (G.Zaid) con la rigurosidad historiográfica como lo ha hecho el periodista Armando Vargas, con dos libros suyos anteriores sobre Antonio Maceo y el Dr. Antonio Zambrana. Se los habrá leído el señor I. Molina, distinguido historiador alajuelense? Sustentará en una amplia, rica y consistente consulta de fuentes primarias sus prolíficas investigaciones históricas?
Lo que se espera de un catedrático universitario es la crítica seria y el constraste respetuoso de puntos de vista, nunca la descalificación gratuita.
Esperaremos como dice Juan Peregrino, el libro del señor I Molina sobre estos hechos.
Don Iván era quien ayer nomás decía que no sé investigar y que no sé escribir. Hoy dice que tampoco entiendo. ¿Será?
El Sr. Molina es libre de diferir sobre el enfoque, el método y las conclusiones de cualquier investigación histórica. Lo que no se vale es que pretenda censurar o descalificar a otros autores que no comulguen con su credo excluyente, ni militen en su secta iconoclasta.
El monopolio de la verdad, es mentira.
Si “El lado oculto del Presidente Mora” abre o cierra perspectivas, es cuestión que decidirán los lectores… aunque le pique. Algo debe haber en este libro que le escuece.
Es interesante que ante el cuestionamiento planteado al libro de don Armando, las respuestas de don Paúl Benavides y del mismo don Armando hayan tomado una dirección que hace necesario emplear términos como egoísmo puro, credo o secta. Transitar por tal dirección imposibilita el debate serio, razonado y fundamentado que la Campaña Nacional merece.
“A enemigo que huye, puente de plata”.
Muy interesante el comentario de don Armando, ya que precisamente es aplicable a su actitud de no responder a los cuestionamientos que he planteado a su libro y, en cambio, tratar de llevar el debate a un terreno y con un lenguaje que su libro no se merece.
¿Qué ha dicho el Sr. Molina?
En “Tribuna Democrática”: 1] Que hay parcialidad en la evidencia usada en mi libro. 2] Cuestiona mi proceder como periodista y, faltaba más, como historiador. 3] Que no comprendo su planteamiento. 4] Que clausuro todo análisis. 5] Que cierro la posibilidad de investigar. 6] Que lo mío no es una investigación seria. 7] Que imposibilito el debate razonado y fundamentado.
En “La Nación”: A] Que el libro es un paso atrás. B] Que simplifica la caracterización de la sociedad del siglo XIX. C] Que es una pieza de culto a la personalidad. D] Que distorsiona la guerra de 1856-1857. E] “Izquierdismo” y “corrupción”. F] Que son prácticas historiográficas de 100 años atrás.
La individual e inapelable condena inexorable dictada por Molina en instancia única, quiere ser engalanada ahora con poses aparentemente elegantes.
Para contrastar perspectivas y criterios en aras de aproximarse a la verdad, cuente siempre conmigo don Iván. No puedo seguirlo, sin embargo, por la ruta —calificada por el Lic. Paúl Benavides Vilchez— de “prepotencia intelectual, autoritarismo y egoísmo” que lleva a “la descalificación gratuita”.
El monopolio de la verdad, es mentira.
Tanto en el artículo que publiqué en La Nación, como en lo que he publicado en Tribuna Democrática, he cuestionado el libro de don Armando, no a don Armando.
Dicho cuestionamiento implica lo que don Armando anhela: contrastar perspectivas y criterios en aras de aproximarse a la verdad; pero don Armando, hasta ahora, no ha querido participar en un proceso así.
Cuando afirmo que en su libro no se considera la evidencia relacionada con las arbitrariedades e irregularidades atribuidas a Mora, la respuesta de don Armando es, simplemente, que existe una leyenda sucia sobre Mora y que quienes la repiten son iconoclastas.
Cuando señalo cuán contradictorio es afirmar que Mora fue el padre de la democracia costarricense dada la ciudadanía restringida que prevaleció durante su período, la respuesta de don Armando es que atropella la verdad quien pretenda atribuir a Mora la Constitución de 1848.
Cuando planteo que el libro de don Armando no satisface los criterios actuales de una investigación profesional en historia, la respuesta de don Armando es atribuirme un credo excluyente y afirmar que milito en una secta iconoclasta.
Podría seguir con otros ejemplos, pero los tres anteriores muestran claramente que don Armando, hasta ahora, no ha estado interesado en debatir en serio.
El presidente Mora frenó los intentos filibusteros de apropiarse de tierras al sur de Nicaragua. Un ejercito costarricense derrotó a William Walker y su banda de soñadores quienes salieron huyendo. Walker y sus discípulos huyeron hacia el norte tal y como lo hicieron en Sonora unos años antes.
El Presidente Mora con sus virtudes y defectos fue el responsable y custodio de la Gloria Nacional en cuanto a la Campaña de 1856-57 indiscutiblemente.
Independientemente de lo que podemos denominar como lo “científicamente histórico” debemos tener en cuenta que aquellas fuentes que denominamos como “históricas” con base en las cuales trabajamos irremediablemente estarán envueltas en asuntos políticos, viciadas o no, manipuladas o no en cuanto a su escencia por enemigos o amigos del señor Mora….Tal y como indica Don Armando no podemos monopolizar la verdad…
Lamentablemente en 1856, el Presidente Mora no aparecía en Big Brother ni era monitoreado todo el día por cámaras para comprobar la “verdad…”
Esto nos deja en un margen de incertidumbre, lo que nos conduce a detenernos en los hechos que sabemos de forma indiscutible. Hecho: Mora derrotó a Walker y sepultó cualquier intención de los Estados Unidos en apropiarse de nuestro país. Sepultó el “destino manifiesto” en América Central. Este hecho es suficiente recurso para sepultar cualquier acción que pretenda restarle crédito a su campaña contra el filibusterismo y a su persona.
Las críticas de Mora, lejos de ayudar a consolidar la identidad nacional y nuestro pasado tienden a menoscabar nuestra historia. ¡La historia la escribe quien la gana, y nosotros ganamos la campaña de 1856-1857!
Aunque el comentario de don Juan Manuel no se refiere a las objeciones que he planteado al libro de don Armando, me interesa indicar lo siguiente.
Desde hace varios siglos, la disciplina histórica dispone de métodos y técnicas específicas para enfrentar los problemas de confiabilidad que puedan presentar las distintas fuentes.
Es más correcto, históricamente, decir que la sociedad costarricense, liderada por Juan Rafael Mora, derrotó a las fuerzas conducidas por William Walker, que decir que Mora derrotó a Walker.
Es más correcto, históricamente, decir que una derivación del Destino Manifiesto, representada por Walker, fue derrotada por la sociedad costarricense, liderada por Mora, a decir que Mora sepultó el Destino Manifiesto. La precisión aquí no se relaciona únicamente con evitar el acento en la figura individual (Mora), sino también con el hecho de que el Destino Manifiesto, como expresión del imperialismo estadounidense, continuó después de 1856, lo cual es evidente.
La identidad nacional costarricense debería estar basada, entre otros fundamentos, en un conocimiento actualizado y preciso del pasado de Costa Rica; no en lo contrario.
La historia, como conocimiento científico, no la escribe quién la gana. La escriben los historiadores profesionales.
…basados en un gran tanto por ciento de lo que Periodistas vivieron, redactaron, analizaron y publicaron …. Grandes Periodistas abarcan más de lo “debido” para tener un panorama mayor y claro! hacen historia. Y bueno, lo que ya existía quedó chiquito…incompleto y superado!
La fuente periodística es apenas una más entre las fuentes históricas…
Más que un debate sobre la verdad histórica, lo aquí presente parece una pelea por definir si el periodista o el historiador es quien escribe la historia. La trayectoiria del historiador Ivan Molina debe ser respetada y considerada por profesionales que trabajan en otras disciplinas (o que no han ejercido solidamente la profesión de historiadores) Esta más que claro que las críticas de Ivan Molina se dirigen a cuestiones teórico-metodológicas en lo que respecta a la obra del señor Armando Vargas. La historia no es una simple narración de hechos políticos y militares, no estudia grandes hombres, se encarga de analizar procesos donde interviene la sociedad en su conjunto. En el instante en el que en este debate se limite a cuestiones historiográficas y no a resentimientos personales, nos daremos cuenta quien se acerca más a la verdad. Por el bien del debate intelectual, señor Armando Vargas responda a lo que se le critica…