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Costa Rica sin TLC

Columnista huésped | 26 de Mayo 2007

Por Rolando Araya Monge

Cada vez, se descubren más y más espinas en el TLC. Monseñor Ignacio Trejos no puede ser neutral cuando el TLC pone la irrestricta libertad de comercio por encima de la vida humana, la salud y otros valores. Esto ya no es espina, es un horror, increíble en nuestra cultura cristiana, donde “el derecho a la vida, la libertad y a la búsqueda de la felicidad”, como reza la propia Declaración de la Independencia de los Estados Unidos, son las guías de la convivencia humana. ¿Tiene esto un significado en la discusión ética en torno a la primacía de la vida humana? ¿Qué dice la Iglesia? ¿Comercio libre para tráfico de órganos? ¿Qué sentido tendría defender la biodiversidad en el mundo? ¡Que se acaben los manantiales! Lo importante es exportar.

Cuando el jurista Juan José Sobrado descubre obligaciones, ahí escondidas en la letra menuda, quedamos espantados. Según estas, comprometemos nuestra identidad como nación, les damos extremas ventajas a empresas extranjeras, por encima de las locales y quedamos engrapados con Centroamérica, con una soberanía enrarecida a la hora de legislar o gobernar. Por ejemplo, si pasa el TLC, para actuar contra una empresa como Alterra (que debería hacerse, por los incumplimientos y los abusos), habría que pedir permiso a Ortega, a Saca, a Zelaya y demás gobiernos de la región. Habría, además, que pedir permiso a las empresas y a los gobiernos centroamericanos, si queremos pasar una ley con supuesto conflicto con el TLC. Es decir, casi todas. Las empresas extranjeras quedarían cubiertas por un fuero supranacional, con tribunales ad hoc, también internacionales.

Pensar que el país pueda seguir su camino hacia la superación económica, social y política, como una nación independiente, es una quimera. El Estado-nación Costa Rica quedaría como un carro encaramado en el “tráiler” de Centroamérica, con un chofer puesto por las transnacionales. El Presidente quedaría como un maniquí, con las manos en la rueda del vehículo, sin hacer nada, creyendo que maneja. La total asimetría del TLC, ―acuerdo sin obligaciones en EE.UU, Tratado a perpetuidad, por encima de las leyes e intocable aquí―, completa el cuadro: por nada, pues nada agrega el TLC a lo que ya tenemos con Estados Unidos, estamos entregando a Costa Rica.

Casi todos lo dicen, hasta Óscar Arias: rechazar el TLC no implica de ninguna manera que perdamos nuestras ventajas para exportar a los Estados Unidos. Los demócratas están pidiendo renegociaciones con otros países para quitar la cantidad de cláusulas leoninas puestas por los negociadores de ambos bandos. Ojalá, los defensores gratuitos de las empresas y el Gobierno estudien más el TLC, profundicen en él, y descubran las barbaridades que tiene. ¿Tráfico de armas? Claro. Pero Óscar Arias dice olímpicamente que no fue él quien lo negoció. Muchos lo apoyan por premisas ideológicas, sin siquiera haberse tomado la molestia de prestar atención a los críticos, o pensar que siempre es posible negociar uno nuevo y evitar semejante división entre los costarricenses.

Costa Rica tiene inmensas ventajas para su futuro, al margen del TLC: nuestro gran potencial energético, el agua, la biodiversidad, la democracia, la paz, la educación, el país con mayor desarrollo como sociedad del conocimiento en América Latina, las playas, los bosques y el amor de un pueblo con capacidad de sobra para salir airosos ante los desafíos de la época. ¿Por qué entregar esto a las grandes transnacionales, por nada? El estancamiento de nuestras instituciones y la parálisis en que ha caído lo político tienen fácil remedio. No es razón para perder la fe y entregar todo el país.

Eso es lo que está en juego. Cuando oigo la propaganda que hacen las Cámaras empresariales, recuerdo al Obispo sudafricano, Desmond Tutu, que nos dejó una joya de anécdota: “Cuando ellos llegaron (los europeos), nosotros teníamos la tierra y ellos la Biblia. Y nos dijeron: cierren los ojos y piensen en Dios. Nosotros lo hicimos, y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros la Biblia”.

Así pasa con el TLC. Nosotros tenemos a Costa Rica, es nuestra, en ella estamos en nuestra casa. Pero nos dicen: “Cierren los ojos y piensen en Estados Unidos, en más inversiones, en más empleo”. Si pasara el tratado, cuando abramos los ojos, los costarricenses tendremos el TLC, pero ellos se habrán quedado con Costa Rica. Esto es, como dijo Don Pepe Figueres, alimentarles la vaca con nuestros recursos, y que ellos nos vendan la leche cara. ¡Y producida con nuestra vaca y nuestro pasto! ¡Bonito negocio!

Como habló el poeta Minor Arias: “Detrás de números, signos de dólar / y pistolas automáticas / aún reflexionamos los ticos. / Canta yigüirro, canta / todavía estamos aquí.”

¡De pie Costa Rica! ¡No al TLC!

(Diario Extra)

Columnista huésped | 26 de Mayo 2007

4 Comentarios

* #1859 el 27 de Mayo 2007 a las 05:37 PM Carlos Blanco dijo:

Exelente exposición. Mis felicitaciones.

¿Que hacer para que muchos….. muchísimos comprendan la seriedad del asunto?

* #1863 el 28 de Mayo 2007 a las 08:46 AM Edwin Alfaro dijo:

Excelente comentario, como todos los otros a los que nos tiene acostumbrados don Rolando. Quisiera sugerir en relación con la pregunta de don Carlos Blanco que solo llevando nuestro mensaje en forma organizada, como la que realizamos ayer domingo en Hatillo, donde encontramos una respuesta impresionante de ciudadanos que están claros que el TLC no debe pasar. Pero no nos podemos dormir en los laureles y todos organizados tenemos cuidar que los que quieren entregar nuestro país puedan confundir a nuestro pueblo con la multimillonaria campaña que se vendrá a favor del TLC.

* #1873 el 28 de Mayo 2007 a las 11:41 AM Rodrigo Jimenez dijo:

De cara al abuso mediático y al auténtico despilfarro económico de quienes impulsan, “su sí”, porque tienen sus propioos intereses por encima de los de Costa Rica, el único camino que queda es la del contacto cuerpo a cuerpo. Es decir que los del NO visitemos personalmente a cada uno de nuestros vecinos y amigos para convencerlos del NO.

La mayoría de nosotros hacemos y actuamos conforme nos lo sugieren, recomiendan y aprueban nuestros amigos a los cuales les tenemos confianza.

El referendum exige tener confianza en la decisión que se tome a la hora de votar. Los del sí tienen los recursos pero no tienen la mística y el fervor que da el amor a la patria.

Sobre el spot de televisión, la arrogancia de quienes paraticipan por el sí en los debates, frente al interés economico de los promotores del sí, estamos quienes tenemos la conciencia de que lo que juega en el TLC es la escencia de nuestra nacionalidad y de nuestros principios de autodeterminación, nuestros ideales de solidaridad y de justicia social.

Salgamos de visita para hablar del engaño y de los espejismos del TLC y convenzamos de que no poodemos aprobar un tratado nefasto para nsostros y nuestros hijos.

No tengamos miedo, no seamos pesimistas y demostremos con entusiasmo nuestro amor y lelaltad a la patria.

De lo contrario nos lamentaremos por siempre de los deños irreparables a nuestra nacionalidad y modo de ser propios de los costarricenses.

* #1874 el 28 de Mayo 2007 a las 12:10 PM José F. Rodríguez. dijo:

Es grato saber que existen tantas y tantas razones (bien fundamentadas) para oponerse rotundamente al TLC, contrario a quienen ciegamente (sin fundamentos claros) lo apoyan.

Personalmente considero que aprobar el TLC equivaldría a abrirle la puerta a los ladrones para que roben en nuestra casa.

Gracias don Rolando y gracias a tantos costarricenses verdaderos que estan desenmascarando las “ventajas” de aprobar el TLC, que NO ES BUENO PARA TODOS.

“La defiendo, la quiero y la adoro, y por ella mi vida daría”.

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