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Costa Rica: un país dividido

David Fallas Redondo | 7 de Abril 2007

NOTA DE LOS EDITORES: Tribuna Democrática da la bienvenida a su nuevo colaborador don David Fallas Redondo (Desamparados, 1972), abogado, docente en la Facultad de Derecho de la Universidad de Costa Rica, quien laboró varios años en la Defensoría de los Habitantes y actualmente en el Poder Judicial como Letrado en la Sala Tercera (Penal) de la Corte Suprema de Justicia.

En su edición del 29 de marzo último, el Semanario Universidad publica, en la página 11, información relacionada con el más reciente sondeo de opinión realizado por la Universidad de Costa Rica en relación con los niveles de apoyo y oposición al TLC con los Estados Unidos.

De conformidad con los datos suministrados por el Semanario, prácticamente hay un empate entre quienes están a favor y en contra del mencionado acuerdo “comercial”. Se explica también que si bien el porcentaje de personas que coinciden en aprobar el TLC es superior a cualquiera de las otras opciones consideradas por separado, lo cierto es que la suma total de opiniones favorables a la renegociación del convenio, a continuar como hasta ahora, a realizar un referéndum y a retirarlo de la Asamblea Legislativa, significa que una mayoría del 56,2% se opone a la ratificación del indicado instrumento.

Independientemente de la lectura que se pueda hacer de los datos suministrados por la Universidad de Costa Rica en cuanto al apoyo o el rechazo específico al TLC, lo que me parece incuestionable es que refleja algo aún más peligroso que el acuerdo comercial en sí mismo: el país está dividido… ¡y la división es profunda!

No pretendo decir que esta polarización sea consecuencia del TLC, sino que a mi juicio, lo que sucede es que la lucha en torno a éste ha servido para evidenciar un conflicto latente desde hace mucho tiempo. Este convenio simboliza la culminación y consolidación de un modelo de país que se ha venido fraguando desde hace poco más de veinte años. Y esto genera pasiones, tanto de quienes anhelan cumplir su (autoproclamada) misión de “insertar” a Costa Rica en las corrientes económicas globales, como también de quienes pretenden hacer un alto en el camino y pensar en una vía costarricense.

La clase político empresarial que gobierna el país desde mediados de los ochenta ha intentado incesantemente de imponer sus puntos de vista. Y aunque poco a poco ha venido situándose en posiciones estratégicas, a la hora de dar el paso final, ha fracasado. La derrota sufrida con el “Combo del ICE” y lo difícil que se le ha puesto la ratificación del TLC, ha llevado a este sector a tomar acciones cada vez más desesperadas y autoritarias para controlar el poder institucionalizado. También ha evidenciado que en su mundo soñado sólo hay ganadores y perdedores, por lo que considera normal que imperen aquellos que sepan “aprovechar las oportunidades” que se les presenten.

Precisamente esa actitud ha servido para cohesionar una oposición tan feroz como la que se realiza en Costa Rica contra el TLC y, principalmente, lo que éste simboliza. La resistencia aglutina sectores de diversísimos signos, es plural. Su común denominador es la idea de que el país puede trazar su propia vía de desarrollo, partiendo del principio de solidaridad, lo que no significa solamente la existencia de programas sociales, sino que todas las políticas públicas se dirijan a lograr un justo reparto de la riqueza. Esto conlleva volver a considerar en su formulación a los que vivimos del colón y dejar de servir prioritariamente (como lo hacen hoy día) a quienes generan dólares. También implica volver a tener como eje el artículo 50 de la Constitución y dejar de fijarse sólo en el actual 46.

Quienes gobiernan Costa Rica deben tener claro que la fractura existe, que es honda y que su tarea, como gobernantes de todos y todas, no es realizar todos los esfuerzos posibles por inclinar la balanza hacia uno de los bandos en pugna (que es lo que ha hecho hasta ahora), pues de seguir esa ruta terminará de servir la mesa para un conflicto social de proporciones inimaginables. Su labor más bien debe ser la de construir opciones alternativas tanto al TLC como a la situación actual, para así preservar la paz social, que vale más que cualquier acuerdo comercial.

David Fallas Redondo | 7 de Abril 2007

1 Comentarios

* #1622 el 9 de Abril 2007 a las 02:37 PM Alvaro Rodríguez Alfaro dijo:

Celebro la inclusión de don David Fallas dentro del grupo de colaboradores de Tribuna Democrática.
Estoy en total acuerdo en que existen fundamentos profundos o razones no proximales, que se reflejan en la encuesta de la UCR y en hechos cotidianos de nuestro devenir que muestran un descontento social por la forma en que se están conduciendo los procesos políticos en nuestro país. Concuerdo también que existe un grupo de políticos que se han convertido a si mismos en verdaderos oráculos que no aceptan una visión distinta del mundo que la propia. Eso claramente atenta contra el ser costarricense quién históricamente ha rechazado cualquier ataque a su autodeterminación. Por eso considero sabia la llamada de atención del señor Fallas, quién vaticina con buen tino mayor malestar social si las cosas se siguen conduciendo por el gobierno como hasta ahora, confundiendo infantilmente la relación justa que debe existir entre medios y fines, dado que, esta claro que, el TLC, es simplemene un medio, entre muchos otros.

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