He venido evidenciando algunos endemismos, cosillas típicas de nuestro terruño, escenas que solo vemos aquí: solo en Costa Rica.
Aquí va, lamentablemente, otro recuento, porque estemos claros en algo: qué no daría para que escaseara el material que me obliga a escribir otro capítulo, el quinto, de “Solo en Costa Rica”.
Y es que solo en Costa Rica el Presidente de la República reconoce sin empacho ni vergüenza que han mentido sistemáticamente, él y todo su equipo mediático de propaganda y sus ad láteres –léase: Ministros, empresarios/socios, y un innombrable etcétera- a un pueblo incauto que, sin embargo, se resiste a chuparse el dedo mientras le cuentan la leyenda de oro del TLC (fantasioso paisaje de beneficios) y le amenazan con la leyenda negra de Costa Rica sin el maná del TLC (ni Dante lo hubiese narrado con tanto terror y oscurantismo).
En suma a lo anterior, casi como apéndice –o apendicitis considerando el caso- solo en Costa Rica se presume que el derecho de las mayorías implica el irrespeto más absoluto a las minorías y, de paso, el desconocimiento de la legalidad, contenida para el particular en el principio de inderogabilidad singular de las normas que, en resumen, impide dejar sin efecto para un caso concreto una disposición de aplicación general, tal como lo pretende el diputado/presidente Pacheco para cercenar la razón de ser del parlamento, sea: parlar. ¿A qué le temen? O bien: ¿a que se debe tanta prisa? Y finalmente: ¿Si el pueblo no es el patrón, entonces, quién lo es?
Un apunte adicional sobre esto de la reforma reglamentaria: ¿Qué hará la Sala, salvarle otra vez la tanda al que nombró a la mitad de la plana y enterrarse así con él, o volver a su redil y dar una prueba de que la luz pareciera estar al final del túnel?
Y sobre esto de los poderes exiguos, no puedo dejar de señalar lo ya escrito. ¡No a la corrupción! Es lo que le oímos cacarear tan recurrentemente a Oscar Arias, Luis Paulino Mora y Francisco A. Pacheco como slogan de sus campañas político-institucionales, pero ni un ápice de esfuerzo para dotar a las instancias más importantes de control y represión de los recursos mínimos de trabajo. Óigase bien: el INS tuvo que financiarle el viaje a los fiscales que de otra manera no habrían podido viajar a Londres a recabar las pruebas pertinentes para instruir la causa por los fraudulentos reaseguros.
En una columna publicada años atrás, denuncié lo inconveniente de que el entonces Presidente Pacheco financiara –pudiendo no hacerlo- con el presupuesto de su ministerio, el viaje de varios fiscales a Panamá que urgían recoger las pruebas de cargo en uno de los sonados casos de expresidentes de su propio partido, la Unidad Social Cristiana.
Por ello decimos otra vez: solo en Costa Rica, porque solo aquí la línea divisoria que separa los poderes se ha de sacrificar por la pobreza de un Ministerio Público –y su órgano auxiliar: la policía técnica- absolutamente desbordado. Hoy por hoy, ser fiscal, es estar obligado a lo imposible.
Y solo en Costa Rica tanta chanfaina en el poder. Un Ministro de educación que no sabe nada, es decir, que no esta en nada con los nombramientos de educadores. Tan poco creíble como improbable que el máximo jerarca en el ramo de un partido tradicionalmente clientelista no sepa nada. Y si de verdad no lo sabía, entonces peor todavía, porque significa que mucho le ha faltado arrollarse las mangas y bajar a conocer la cartera a su cargo; el ministerio de verdad, no el de apariencia que le venden sus asesores a sueldo. En conclusión: solo en Costa Rica los que están obligados a saber no saben.
Solo en Costa Rica un Estado esclerótico da muestras de tanta insensatez y falta de voluntad hasta para lo más sencillo. ¿Qué más debe pasar para que en Costa Rica limiten el tránsito de los camiones a las horas entradas de la noche y restrinjan seriamente el acceso a las ciudades y demás centros de población? ¿Y los trenes? Hasta cuándo seguirán “nuestros” políticos haciendo segundas a los empresarios del transporte. ¿Tan poquito valen las vidas de los costarricenses en carretera para una ministra de transportes y sus antecesores? ¿Qué dice el Presidente de la Paz y la no violencia? ¿O es que los muertos en carretera no merecen su atención como en los ochentas los que morían por los fusiles de la guerra fría?
Solo en Costa Rica vemos tanta posposición por los temas fundamentales. La seguridad en las carreteras, que atraviesa por reculturizar a los transeúntes que se han convertido en conductores así como castigar seriamente a los ebrios. Un automotor debería ser considerado un arma y como tal, “portarlo” sin licencia o fuera de las prescripciones debería ser penado con cárcel. La prevención en casos extremos empieza por la represión.
Solo en Costa Rica es tal la sed de poder que insisten tres y cuatro veces antes de arribar a la Presidencia de la República. En el camino se entierran, pero solo para luego resucitar. No importa si han llamado ratas o cucarachas a sus copartidarios, aún así arroban la esperanza de que los vuelvan a apoyar. Y lo peor de todo, lo que sí solo pasa en Costa Rica, es que muy posiblemente los apoyen otra vez y otra vez. Solo en Costa Rica.
Como corolario de estas cosas nada veredes que solo pasan aquí, no puedo dejar de comentar el censurable cierre del programa Aló Pueblo de Iris Zamora. Mal ha hecho Monumental en concretar la falta de tolerancia de su directiva y el irrespeto absoluto a la libertad de expresión. Y su directora, que todas las mañanas se regodea con la frase de “su voz, la mía la de todos…”, ha logrado con esto que la libertad de expresión de su tan defendido y por ella representado “pueblo”, cuente con un bastión menos. Una opinión menos es una estrella menos en nuestro escudo, una línea de color menos en nuestra bandera.
Que pena pero, solo en Costa Rica…
Pablo Barahona Krüger | 2 de Marzo 2007


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