NOTA DE LOS EDITORES: Damos la bienvenida a don Julio Suñol, autor, diplomático, periodista y político de respetable trayectoria, al elenco de colaboradores regulares de Tribuna Democrática. Bienvenido.
No me resistí las ganas y llamé por teléfono a Alberto Cañas para decirle que su libro de memorias 80 años no es nada se podía leer como la Biblia.
Noté un primer momento de sorpresa, como si yo estuviera cometiendo un acto sacrílego o de servilismo con él, por lo que el Libro Sagrado significa para todos, cristianos o no cristianos, católicos o no católicos.
Pero en verdad, lo que intentaba decirle fue lo que enseguida le expliqué: se puede leer en cualquier orden (o desorden) y siempre queda uno gratificado por razones muy sencillas.
Es tal la avaricia de saber más y más de sus luchas, o de complementar lo que uno creía saber –pero no sabía– de la historia y de las historietas de nuestra vida política (y aun de la literaria y periodística), que la prisa por leerlo totalmente y en pocas horas hace al lector mantenerse despierto hasta la madrugada. Y la curiosidad se sostiene, a pesar de que uno frisa los 75 años y creía haberlo vivido todo, leído “todo”, conectado todo… Pero no.
Cañas nos recrea con un espléndido mosaico historiográfico, literario, político, diplomático, periodístico y humano como solo puede hacerlo un gran escritor que ha tenido la suerte, y la dicha, de combatir siempre y poder arribar a los 80 años pleno de vitalidad, con una memoria fotográfica, a veces irreverente, siempre sardónica, por momentos humorística y en las variadas etapas, alerta y juvenil como si solo estuviera llegando a los 40 años.
La obra, escrita en diferentes años que él se encarga de citar en el colofón (1997-2004) aun cuando toca los temas más urticantes, en todo momento muestra un gran respeto por los seres humanos, amigos o adversarios y el estilo es directo, sencillo, en prosa con ritmo de ametralladora.
Por supuesto que Cañas también tendrá detractores, aquellos que podrían no coincidir con juicios y prejuicios políticos, familiares, sociales, literarios y periodísticos. Mas de eso se trata. Es la provocación a que cualquier escritor está obligado para hacerse valer. Los “yesman” van dejando de ser de curso legal. En buena hora.
Sus recuerdos pareciera que surgen espontáneos, al ritmo de la pluma (o de la computadora) y por ello la prosa luce diáfana, serena, sin circunloquios. Se percibe que no está consultando documentos, libros ni apuntes, sino que recurre a la memoria privilegiada y quizá no únicamente cerebral. También emocional y del corazón. Prueba así que el buen escritor narra como si caminara de puntillas, alejándose un poco y a veces bastante del yoísmo, rechazando ser en lo posible el centro del escenario, lo cual no es usual en las memorias escritas por luminarias como Charles De Gaulle y Andre Malraux, legendario Ministro de la Cultura y alto jerarca de las artes francesas, de las letras y de las patrióticas guerrillas antinazis.
Julio Suñol | 27 de Febrero 2007


1 Comentarios
Lindo comentario a una persona linda. ¡Qué suerte tener ahora a don Julio, el bueno, en Tribuna Democrática!