Disminuir tamaño de letraAumentar tamaño de letraImprimir paginaEnviar esta pagina por e-mailAmpliar el ancho de la paginafluid-width

De corruptos y corruptelas

Pablo Barahona Krüger | 29 de Enero 2007

La responsabilidad de la corrupción pública en Costa Rica no es exclusiva de los presuntos implicados hasta ahora. En nuestro país se ha entronizado todo un sistema paralelo de administración del poder que habilita la corrupción en solitario, es decir, sin que siquiera medie algún grado de cohabitación entre el Estado de derecho y las organizaciones corruptas, sino que, muy por el contrario, se da una sustitución del poder legítimo (estatal) por uno ilegítimo (criminal).

Esto que digo es muy complejo y por razones limitantes propias de este tipo de escritos no puedo –ni pretendo- agotarlo en toda su extensión, aún cuando sí denotar una serie de aspectos sobre los que me parece no se escribe –ni se dice- y en Costa Rica da la sospechosa casualidad que a veces lo que no se escribe –ni se dice- es lo más importante.

Dejar pasar corruptelas tan sustanciosas como las de la CCSS o el ICE sin exigir algo a cambio es poco probable y no percatarse lo es aún menos. ¿Cómo no detectar sobreprecios de alrededor de $10 millones? O es demasiada la ignorancia o es excesiva la chanfaina permisiva, la laxitud y en el peor de los casos, la corrupción.

Sumémosle miles de visas otorgadas durante decenios enteros no solo a chinos, sino también a colombianos y nicaragüenses. Y aquí nuevamente la pregunta: ¿Será que no vieron o quizá más bien que no quisieron ver? Imagino que los cargos públicos deben ser placenteros pesebres de prosperidad si uno no ve, no oye ni mucho menos dice nada. A eso se ha reducido en buena parte la función pública costarricense para muchos de sus ejecutantes tradicionales.

¿Acaso no resulta anormal que sean los medios de comunicación los que concreten el trabajo encargado a los mecanismos institucionales de control? Esto debería preocupar, es decir: ¿porque si los medios están en algo, lo cual esta muy bien –escrito sea de paso- la institucionalidad encargada de fiscalizar, incluidas las mismas administraciones, no están en nada o al menos no en lo que importa?

No es obvio que si los mecanismos de control cuestan dinero y no están sirviendo, en términos objetivos lo que logran es el encarecimiento de la misma corrupción. Es decir, si el caso x de corrupción costo 10, a esto hay que sumarle los otros 5 que cuesta mantener una burocracia exánime, por lo que al final la corruptela X ya no costó, en términos reales 10, sino 15, por lo que sería más barata si simplemente se dejara pasar sin más, evitando el simple discurso retórico que es lo único que se fortalece con una institucionalidad que, en general, no hace sino saludar a la bandera.

Sin embargo, lo mínimo esperable ahora sería que los referentes institucionales impongan las responsabilidades administrativas ineludibles y contengan en lo siguiente el ataque inmerecido y descarnado que se cierne contra nuestro Estado de Derecho. Eludir esta primaria responsabilidad tiene nombre: incumplimiento de deberes.

Pero más allá de esto, sostengo que lo importante no son los corruptos sino y sobretodo las corruptelas, es decir, las manifestaciones concretas de la corrupción, esos sistemas que habilitan la repitencia de los corruptos casi cíclicamente y sin freno ni contrapeso.

Desarticular esto que algún juez se atrevió con buen tino a calificar como crimen organizado, implica un esfuerzo mucho mayor que un cambio de legislación, tan es así que arraigo mi sugerencia en un cambio, no solo de personas, sino de cultura. En este país no se necesita solo un contralor o un fiscal general que sean independientes y valientes, sino 4 millones de contralores y fiscales. La responsabilidad es compartida, aunque claro, de unos más que de otros. Los unos nos han fallado más que los otros, porque lo cierto es que poco se hace con una ciudadanía despierta y denunciante si como contraparte de acompañamiento tenemos una institucionalidad dormida y refractaria.

Seguirle la pista a los escondidos, esos que todavía andarán temiendo que los alcancen, que los delate algún socio malhabido, debe ser responsabilidad, ahora sí y como mínimo, de las instituciones que solo han actuado por reflejo ante la denuncia periodística, desnudando su clara falta de estrategia, de inteligencia, en fin, de eficacia. Guardando las distancias, bien vale citar a don Alfredo González Flores, quien a principios del siglo pasado, al volver al país después de su exilio obligado por los golpistas afirmó justicieramente: “Los Tinoco (…) habrían sido imposibles, si tantos hombres de representación social, política y económica del país, no hubieran acudido en compacto bloque a sostener las deshonras de la traición”.

Lo mismo podríamos decir sobre los corruptos que hoy se suman a la historia de los delitos de lesa patria y a sus taciturnos patrocinadores que ahora callan tanto su amistad como sus relaciones de negocios.

Parafraseemos la genialidad de don Alfredo y digamos hoy, casi un siglo después y adaptándonos al encuentro del tiempo que la CCSS-Fischel, el ICE-Alcatel, las visas a los Chinos y su consecuente esclavitud, así como un casi infinito etcétera, habrían sido imposibles “si tantos hombres…

Pablo Barahona Krüger | 29 de Enero 2007

1 Comentarios

* #1355 el 5 de Febrero 2007 a las 07:48 PM Sofía Cordero dijo:

Certero como siempre, Don Pablo Barahona expone la triste pero muy atinada realidad de nuestra Costa Rica. Una Costa Rica que lamentablemente, carece de verdaderos ciudadanos dispuestos a denunciar y luchar por aquello que queda de “Patria”. Por una responsabilidad compartida…

Publique su Comentario




Recordar mis datos?


Reglas para publicar comentarios: Antes de publicarse, cada comentario ser� revisado por el moderador. Su direcci�n de e-mail no aparecer�.