Habían tardado en aparecer, pero era inevitable que aparecieran, porque, según lo demuestra la experiencia, son como los Borbones: ni aprenden ni olvidan nada, y sobreviven a toda clase de cambios.
Me refiero a esos círculos, gremios, casi pandillas, que desde las alas derechas de Costa Rica se dedican a desacreditar por cualquier medio a quienes se oponen a sus designios, y a los que Daniel Oduber bautizó como “las voces del odio”.
Son aquellas voces que tras empeñarse en que la Revolución del 48 tomara un rumbo pro-franquista, en la década de 1960 se dedicaron a señalar como amigos, partidarios, cómplices o compinches de Fidel Castro a todos los que sostuvieran, defendieran o simplemente simpatizaran con las ideas de don Pepe Figueres y del Partido Liberación Nacional de entonces, tal vez porque dentro de la pobreza o escasez de sus mentes, consideraban “comunista” todo aquello que no se conformara con sus propias preconcepciones.
Llegaron, durante la campaña electoral de 1965, a hacer un arreglo fotográfico fácil: colocar una firma de Daniel Oduber al pie de un texto de adhesión al dictador cubano y publicarlo en un periódico, al que esto le costó una indemnización equivalente a un millón de dólares que Oduber cedió a alguna causa noble, pero que no fue sino la primera de una serie de indemnizaciones que siguieron por causas similares.
Ya están sacando la cabeza otra vez, para insinuar (luego lo afirmarán rotundamente) que los costarricense que nos oponemos al mal negociado TLC que se debate, somos cómplices, admiradores, subordinados o paniaguados, ya no de Fidel Castro que esta en las últimas, sino de Hugo Chávez.
No conciben esos individuos (sí lo conciben, pero actúan como si no), que las personas que sostienen tesis distintas a las muy de extrema derecha que ellos sustentan, puedan ser otra cosa que vendidos a las fuerzas del mal.
Ya han comenzado. En vez de analizar a conciencia la situación de la América Latina que ha conducido al advenimiento de gobiernos anti-neoliberales en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Nicaragua, Uruguay, Venezuela y puede que Perú, mientras que sólo en Colombia, Costa Rica y México se han inaugurado gobiernos de derecha, a lo que se dedican es a satanizar a esos gobiernos anti-neoliberales, como si estuvieran constituidos por sindicalistas costarricenses, y a proclamar, como en la década del 60, que es en Wall Street y en las transnacionales donde está la salvación de la cultura y civilización occidentales, ignorando de paso el vuelco rotundo que las elecciones de noviembre decretaron en los Estados Unidos, que les quitaron buena parte del poder a los grupos petroleros y armamentistas que venían dominando el gobierno de ese país.
Lo de siempre: ante una nueva situación y un nuevo planteamiento (remember la Costa Rica del 48), la reacción es de alaridos y descalificación para quienes no pensamos como ellos. Y ya verán ustedes, queridos lectores, todas las cosas que nos van a decir a los adversarios del TLC… ojalá que no se cuiden mucho para que luego funcione la Ley de Imprenta que tanto se empeñan ellos mismos en modificar, porque es una venada que les ha salido medio careta.
(La República)
Alberto F. Cañas | 22 de Enero 2007


1 Comentarios
Totalmente de acuerdo con don Alberto. Oponerse al pensamiento ùnico, aquì hasta el momento no pasa de adjetivos y algùn que otro efecto secundario. En otras partes es màs dramàtico. Censurable siempre en cualquier parte. Cuando me fui de Liberaciòn Nacional don Alberto hizo trizas de mi salida, diciendo que era un horror, que la lucha habìa que darla adentro, me criticò hasta el tuètano, no respetò mi decisiòn,etc etc. Despùes èl tambièn se fue. Sin palabras…. Hasta hoy nunca dije nada.