Un cierto lenguaje seudodevoto es usado con asiduidad pasmosa para referirse al Tratado Zoellick-Trejos, cual si se estuviese ante un dogma fijado ex cátedra, un diktat o ucase proferido desde el trono.
1. Se ha dicho que “es más fácil modificar los diez mandamientos que modificar el TLC con Estados Unidos”.
En la sentencia se echa mano a enseñanzas bíblicas, según las cuales el profeta Moisés recibió de Jehová, “escritos con su dedo”, en dos tablas de piedra, los diez mandamientos de la Ley de Dios (Éxodo 34:28, Deuteronomio 10:4).
Pero las Sagradas Escrituras narran de seguido que el profeta fue poseído por la ira santa al descender del monte Sinaí, tablas pétreas en mano, y encontrar que su pueblo adoraba no al único Dios verdadero sino al becerro de oro.
Muchos cristianos tienen razones para creer que aquí y ahora se ha perdido el rumbo precisamente por adorar el becerro de oro y que el recurso –prepotente– a los postulados bíblicos es un contrasentido, para decirlo piadosamente.
2. Se retacea la magistratura pontifical: “ni que me lo pida el Santo Papa, debatiré” sobre el cuestionado convenio comercial, aunque luego se implore la intervención vaticana para alinear criterios.
La mayoría costarricense es de confesión católica y tiene al Sumo Pontífice como autoridad suprema en materia religiosa. Invocar su nombre en un proceso electoral es, al menos, contraproducente.
Lo inexplicable es que, sin solución de continuidad, se ruegue al cogollito papal que interfiera en la vida política interna de esta democracia.
Fue, a juicio del Dr. Arnoldo Mora, “la presión más brutal e inaudita sobre la Iglesia, como no se había dado en la historia de Costa Rica desde hace más de cien años”.
El Dr. Hugo Barrantes, arzobispo de San José, respondió: “La Iglesia católica nunca se ha opuesto al libre comercio, sino al contenido del TLC con Estados Unidos. Hemos señalado las asimetrías existentes en el tratado y pedimos que se les preste atención. Nuestro criterio ha sido de naturaleza ética”.
3. Ahora se advierte, nada menos que desde Washington DC y a través de la BBC de Londres, que de no ratificarse el Tratado Zoellick-Trejos, “nos lleva el Diablo”, príncipe de toda maldad y líder de la oposición a Dios.
Se desprende de tan tremebundo veredicto que si la decisión democrática fuere contraria al designio telecista, Costa Rica caería “en al estanque de fuego y de azufre” y los costarricenses “serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos”, según da cuenta el capítulo 20 del Apocalipsis.
Hay cristianos que ven otras contingencias en el panorama, como aquella que señala el apóstol Pablo en el capítulo tercero de su primera carta a Timoteo “…no sea que llevado del orgullo venga a caer en la misma condenación en que cayó el Diablo”. Porque Belzebú pasó de la gloria al infierno “por haberse estirado en su altura levantando su copa hasta las nubes, y haberse engreído su corazón por su grandeza” (Ezequiel 31).
El Tratado Zoellick-Trejos será positivo o negativo para Costa Rica, mas acaso ¿puede parangonarse con un dogma religioso?
Armando Vargas Araya | 11 de Diciembre 2006


4 Comentarios
Armando: Es sintomático; ahora en su visita a los Estados Unidos, Presidentes latinoamericanos tienen visiones esotéricas. Sueñan con el Diablo; con azufre; no es poca cosa. Son miradas a derecha o izquierda, cada cual para jalar para su saco.Parece que los mensajes son premoniciones nada halagüeñas.
Dios y el Diablo siempre han sido inventos de políticos / empresarios. Buenos negocios. Nada más. La religión es como una droga para el pueblo.
Armando: Con gran satisfaccion hemos leido su articulo. Pareciera que los años que paso en Londres influyeron en escribir tan brillante articulo lleno de fino humor mezclado con sarcasmo: “It hits the nail on the head”
Los del periódico “Al Día” le preguntaron:
¿Cometió usted un error al querer involucrar a la Iglesia Católica para apoyar al TLC?
El señor Arias respondió: “No fui a decirle al Santo Padre que cómo católico creo en la Santísima Trinidad (…) Le toqué el tema del comercio. Es muy importante que la Iglesia tenga una posición y él me dijo que era un tema que yo debía tratar con el secretario de Estado, cosa que hice. De tal manera que en ningún momento cometí un error. Si tuviera la oportunidad de volver a hablar con el Santo Padre, esos serían los temas que tocaría de nuevo”.
Confiesa ahora que (a) no fue a ratificarle la fe católica que es mayoritaria enntre el pueblo de Costa Rica, sino que (b) le pidió ayuda al Sumo Pontífice sobre un tema de política interna de nuestra democracia.
Diay, de mal en pior…