En octubre, Montero Vega
Publicado por Luko Hilje en nov 9, 2006 en Articulos | 6 comentariosâEn un monte alto, como mi corazón, / nació Naranjo, / y allà se estableció la paz, / y el viento hizo su albergue tibio y silencioso. / Después descendió mi pueblo hacia los valles / y los rÃos forjaron el carácter del hombre. / Y todos fuimos niños, / tomamos las cosas del fondo de los rÃos, / subimos a los árboles / y encontramos las estrellas florecidas. / Corrimos por los campos / como si fuéramos detrás de la alegrÃaâ. Palabras fundacionales, de vida rural y niñez, de mi coterráneo Arturo Montero Vega, quien llegara en setiembre de 1924 y partiera en octubre de 2002, con casi 80 años de edad y más de 50 de escribir poesÃa.
Aunque, en verdad, soy coterráneo a medias pues, teniendo apenas cuatro años de edad, por razones familiares nos mudamos a la capital. Y ese destete -debo reconocerlo hoy- aún lastima mi alma. Lo dije en un poema escrito un verano: âNo me dejaron beber tu savia / hasta la médula, / pues me arrancaron de ti / los sueños metropolitanos / y la necesidad del libro y la herramienta. / Pero a sorbos, / a intermitentes regresos, / he ubicado / la esencia / de mi sangreâ. SÃ, apenas a sorbos, en las vacaciones, entre ardientes soles, suculentas frutas y las infaltables bandadas de chucuyos que acudÃan bulliciosos a su inmemorial ritual sobre las altas palmeras del parque.
Pero, aún distantes, en la casa josefina siempre nos habitó Naranjo, sobre todo porque Eugen, mi hermano mayor, se quedó residiendo allá. Y asà con frecuencia supimos de las familias amigas, como los AlpÃzar, Arias, Arroyo, Carballo, Corrales, Gutiérrez, Montero, Padilla, RamÃrez, Ruiz, Salazar y otras, entre las cuales destacaron los Montero, vecinos inmediatos de geografÃa y alma. Y, por eso, mÃtico y querido, pervivió entre nosotros la imagen cálida y patriarcal de don Félix Arcadio Montero, de quien de niño -impactado por tan cruda imagen-, siempre escuché decir que lo habÃan envenenado cuando regresaba del exilio y que su cuerpo fue lanzado al mar.
Herediano de nacimiento -por lo que hoy la principal escuela y una calle de Santo Domingo portan su nombre-, al igual que su esposa Rosa Segura Fonseca, este notable abogado y ciudadano tuvo fincas en Naranjo. Fue el último rector de la Universidad de Santo Tomás, clausurada en 1884, a pesar de sus luchas por evitarlo, asà como el fundador del Partido Independiente Demócrata, que ocuparÃa el segundo lugar en las elecciones de 1894, las cuales permitirÃan la instauración de la tiranÃa de Rafael Iglesias, por ocho años. Pero no fue una tureca ni un partidito de pasarraya, sino el primer partido progresista y radical, de fuerte y profunda raigambre popular, campesina y obrera, en el cual por cierto militara el siempre indomable José MarÃa (Billo) Zeledón, autor de la letra de nuestro Himno Nacional.
Y, por su beligerancia, Montero tendrÃa que pagar un alto precio personal y familiar. Cuentan los historiadores que Iglesias fraguó un auto-atentado, del cual lo inculpó, por lo que lo persiguieron. Entonces, amigo leal y cabal, mi abuelo Ascensión Quirós construyó un escondite en su casa -el cual conocà de niño, y serÃa utilizado por otros durante los conflictos de 1917 y 1948-, que no pudo utilizar, pues lo capturaron antes, en Naranjo. Viles, lo encerrarÃan por 14 meses en una jaula diseñada para criminales mientras se esperaba el proceso judicial, tras lo cual, declarado culpable, fue desterrado a Barcelona. Permaneció allá varios años y, a su regreso en 1897, morirÃa en el barco al ingerir un plato idéntico al de otros pasajeros, a quienes curiosamente nada sucedió.
Su nieto Arturo, muchos años después lo evocarÃa asÃ: âMi abuelo está en el mar. / Iglesias quiso / que su cuerpo muriera entre las algas. / Mi abuelo es marino desde entonces, / y toca puerto / cada vez que la Patria lo llama. / Mi abuelo está vivo. / Mi abuelo es marino, Iglesias lo sabeâ.
Viuda, doña Rosa se establecerÃa en Naranjo -donde años después se casarÃa con Yanuario Arroyo- con sus hijos, quienes se casarÃan allÃ. Uno de ellos, Aristides, quien fue abogado, se casó con Julia RodrÃguez -hermana de mi abuela Ramona-, con quien tuvo cuatro hijos, pero ella morirÃa a los 30 años. Entonces se casó con Eraida Vega, con quien procreó ocho hijos, entre ellos los también abogados Alvaro y Arturo quienes -inspirados en las luchas por la justicia social emprendidas por su venerado abuelo- serÃan fervientes militantes comunistas por toda la vida.
Tuve la fortuna, en una de esas visitas veraniegas, de conocer y hablar con Arturo, cercano amigo y colega de mi hermano Ricardo, asà como de Eugen, con quien compartÃa largas partidas de ajedrez. De leve complexión, grandes ojos verdes y pelo ensortijado, era un hombre noble y bondadoso y de carácter más bien retraÃdo, de quien costarÃa decir que hubiera escrito poesÃa tan poderosa, alguna de ella nacida en su exilio de Venezuela y México, tras la persecución sufrida por los comunistas tras la guerra civil de 1948. Me conmueve, además de la omnipresencia del amado abuelo en sus poemas, la elegÃa para la entrañable escritora Carmen Lyra -muerta en México-, que él leyera en su funeral y culminara diciendo: âAquà estamos nosotros para guardar tu nombre, / tu mejor nombre, / tu nombre de guerra: / MarÃa Isabel Carvajal, / camarada de Manuel, / y amiga mÃa / compañera de todos los obreros / y vÃctima a largo plazo de la tiranÃaâ.
Por años, disfruté de su poesÃa gracias a Ricardo, quien conserva siete de sus doce poemarios, y recientemente pude conseguir Patria y poesÃa, publicado en forma póstuma por la UNED hace dos años. Y siempre me quedaron ganas de conocer todos sus poemas.
Fue por ello que en octubre de hace tres años, me sorprendió en forma grata un artÃculo del ilustre abogado Walter Antillón Montealegre en el Semanario Universidad, anunciando, entre otras cosas, la búsqueda de suscriptores de honor para publicar las obras completas de Arturo. Sin conocerlo más que de nombre, lo llamé a su casa en Naranjo -donde reside ahora-, lo cual nos llevarÃa tiempo después a reunirnos, en una sabrosa tarde de tertulia y vino allá, con su hermosa Nuria, Ricardo y yo. Estoy seguro de que ahÃ, de manera furtiva, también estuvo Arturo.
Cálido y tenaz, con esa parsimonia y bonhomÃa que lo caracterizan, Walter supo tejer la urdimbre poco a poco, para poder cumplir y compartir su sueño. Y, asÃ, la noche del viernes 20 de octubre en el Museo Juan SantamarÃa, en Alajuela, en un grato convivio de poesÃa y remembranzas, pudo por fin presentar esas PoesÃas completas, ante los deudos y amigos de Arturo, numerosos naranjeños y alajuelenses, asà como un amplio grupo de creadores participantes en la cuarta edición de los Juegos Florales, ahora denominados con gran justicia âArturo Montero Vegaâ, en cuyo afiche resaltan los certeros versos dedicados al dirigente turrialbeño Federico Picado, mártir del ignominioso crimen del Codo del Diablo: âSe borrará la sangre derramada, / se apagará el insulto proferido, / renacerá tu nombre desgarrado, tu nombre de nosotros tan queridoâ.
Al retornar a casa en Heredia, muy cerca de Santo Domingo, con el corazón palpitante de gozo en medio de una noche de llovizna y frÃo, abrà al azar ese magnÃfico volumen de casi 500 páginas, para deleitarme con tanta belleza. Pero, entre tanto por descubrir, me fue imposible no culminar diciendo en soliloquio estos hermosos versos que aprendiera en mi casa de infancia: âDon Félix Arcadio vivió en la montaña. / TenÃa los ojos como la mañana. / Cuando Iglesias dijo: / âMi caballo blanco, mi frente altaneraâ. / Don Félix decÃa: / âPatria alborozada. Patria estremecidaâ. / Cuando Iglesias dijo: / âMis montes, mis valles, mis cañaveralesâ. / Don Félix decÃa: / âTus aires, Patria, tus palomaresâ. / Cuando Iglesias dijo: / âMis rÃos, mis maresâ. / Don Félix decÃa: / âTus pajarillos, tus libertadesâ. / Don Félix Arcadio vivió en la montaña. / TenÃa los ojos como la mañanaâ.

Una vez más, Luko, gracias por descorrer los tantos velos de nuestra historia, y a la vez presentarnos a un maravilloso poeta!
GRACIAS AL CUBO. UNA CATARATA DE GRACIAS.
CONSERVO UN LIBRO: CINCO POETAS UNIVERSITARIOS,ADEMÃS DE ARTURO,FIGURABAN GUILLERMO VILLALOBOS ARCE Y ENRIQUE OBREGÓN VALVERDE, ESTOS DOS PASARON A SER REVOLUCIONARIOS DE CAFETÃN Y ULTRA-ARREPENTIDOS.
HE ESTADO BUSCANDO UN POEMA QUE ARTURO DEDICÓ A UNA HUELGA BANANERA Y QUE EMPEZABA: ” DESDE CUZUCO A PAMPERO UNA SOLA VOZ SE OÃA : A LA HUELGA BANANERO”.
SE PUBLICÓ EN LIBERTAD. SI ALGUIÉN LO TIENE AGRADECERÃA ME LO ENVÃEN.
Luko,amigo, que linda tu labor de presentarnos de tan bella forma a personas tan especiales.Segui con tu trabajo para deleite nuestro.ELI
Muchas gracias por sus comentarios!
Don Alvaro: Ese poema aparece en las páginas 100 y 101 de las “PoesÃas completas”, con el tÃtulo “Las coplas que cantaba LucÃo Ibarra (Mártir del Codo del Diablo)”. Si me contacta (luko@ice.co.cr) y me da su correo, con gran gusto puedo copiarlo y enviárselo.
Gracias por un artÃÂculo tan bueno de Sr. Montero. Lo conocàen Naranjo cuando yo era una estudiante del intercambio AFS en 1980 cuando me hice amiga de su hija Silvia. Me brindió su amistad y me enseñó mucho español, junto con toda su familia. Casi trienta años más tarde, siempre cuento con la familia entre mis mejores amigos y visito con sus hijos y viuda en CR y ellos me visiten aquàen los EEUU. De hecho, su hija mayor, quien es licenciada igual a él, me trajo una copia del libro PoesÃÂas Completas en una de sus últimas visitas…Gracias a DÃÂos mi español es un poco mejor ahora y puedo apreciar aún más su escritura ahora…
Gane la Flor de Plata (Segundo Lugar)en los IV Juegos Florales Arturo Montero Vega,con el poema La Niña en la Avenida,me gustaría saber si alguien tiene una grabación de ese evento, gracias.