Cuando un académico nota que la sociedad en la que vive anatematiza su agenda y se desentiende de cualquier discusión, despreciando la crítica y el ánimo constructivo, su obligación es evidenciarlo, nunca callarlo.
“Anteponerse al caos, he ahí la responsabilidad primordial de la academia” solía decir mi abuelo Luis Barahona Jiménez.
Siguiendo esta lógica, debería preocupar, y mucho, que todas las esperanzas de ese desarrollo que no espera por nosotros desde hace casi doscientos años de vida independiente, se cifren en un solo proyecto: el Libre Comercio.
De un tiempo para acá no se piensa en otra cosa. En ocasiones pareciera que al costarricense le han secuestrado las salidas. O libre comercio o libre comercio, he ahí el ciego dilema de escogencia al que se pretende someter a todo un pueblo. El Libre comercio se presenta como la ÚNICA salida, la ÚNICA oportunidad, es en fin, lo ÚNICO. No hay más de que hablar.
Y en Costa Rica, claro esta, Libre Comercio se reduce por estos días a lo que por ello entendieron menos de diez costarricenses “bien” instruidos –alineados nos sirve más decir– que, aunque fueron pagados más por la contraparte (Green go home) que por nosotros, algunos con poca vergüenza todavía se atreven a llamar “negociadores” y, lo que es peor, “costarricenses”.
Casi extrañamos, mas no olvidamos, que la Constitución Política de 1871 que sirvió de base a los constituyentes de 1949, contenía un duro artículo 15 que en lo que interesa consideraba: “Ninguna autoridad puede celebrar pactos, tratados o convenios que se opongan a la soberanía e independencia de la República. Cualquiera que cometa este atentado será calificado de traidor”.
Y bien: ¿como oponerse a lo que no admite oposición, no por su fortaleza, sino precisamente por su debilidad? ¿Por qué debemos, como país, limitar nuestra concepción del Libre Comercio a los dictados de un devaluado Tratado? ¿Por qué solo Estados Unidos? ¿Y China? ¿Y Europa? ¿Y los demás? ¿Cómo defender la sostenibilidad de un tratado insostenible, no porque lo diga yo, sino porque lo ha dicho la UCR, UNA, Notables y un sin fin de voces autorizadas y menos desapasionadas que las que suenan -con intereses mercantiles mediante- a favor de su aprobación?
Las preguntas abundan mientras las respuestas escasean. Salvo infundadas declaraciones que se atreven a lanzar los defensores del TLC más a modo de comercial que de seria inferencia, todavía nos deben los estudios que respaldan la idea “slogánica” que constituye hoy su punta de lanza: TLC=Trabajo para Los Costarricenses. En México no fue así, en Chile menos, por qué habría de serlo entonces en Costa Rica.
Los asteriscos que deberíamos poner a las letras no son pocos (TLC**). Como se sabe, en las ofertas mercadológicas el consumidor tiene derecho a información veras, o al menos eso dice el artículo 46 constitucional. Sin vacunarnos contra la reincidencia todavía, volveremos sobre los “peros” que se oponen a esa lógica del pensamiento único que enceguece y no ha permitido a algunos considerar que un tratado como el CAFTA difícilmente podrá ser aplicado en Costa Rica.
El asunto no es si un Presidente acostumbrado a la transacción se asegura los votos de quienes no se representan más que a sí mismos. ALCOA fue aprobado, al igual que el Combo ICE tuvo los votos. El TLC muy posiblemente será ratificado. El problema, la verdadera discusión, no esa maquillada que durante la negociación ejecutiva primero y después en la Asamblea han orquestado los cafetos (hijos de la oligarquía cafetalera), apenas marcará salida en el momento que se apruebe el TLC en el Congreso.
La sospecha, la impresión generalizada de beneficio parcelado, limitado a los mismos pocos que de tanto bienestar ya se ven rosaditos y un tanto renuentes a pensar, abona a la racionalidad de las críticas de economistas muy sólidos que, junto con grupos serios de ambientalistas, agricultores y gremialistas, redundan en un NO rotundo a este TLC.
En ese NO sin tonalidades va la oposición a una clase política usurera y rentista, siempre apoyada en su socia mayor, una clase empresarial que ha sacrificado en los altares de su Dios Mercurio aquella conciencia social moderada que alguna vez distinguió a sus abuelos oligarcas.
En ese NO va el rechazo al pensamiento único, a esa lógica que contra la crítica propone no el debate o la contracrítica, sino el linchamiento del crítico. Más fácil, más rápido, más práctico y más limpio.
En ese NO esta la academia que habla hoy para que Costa Rica pueda cantar mañana.
Pablo Barahona Krüger | 11 de Septiembre 2006


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