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Construyendo una Agenda Social

Helio Fallas | 13 de Septiembre 2006

Tal parece que existe consenso entre diversos sectores de la sociedad costarricense de la necesidad de promover, negociar, ejecutar y dar seguimiento a una Agenda Social que promueva y profundice el desarrollo que el país ha experimentado a lo largo de muchos años. Ello no obstante la persistencia de otros sectores sociales de impulsar cambios van más bien en la línea de profundizar la apertura indiscriminada bajo los parámetros de las políticas del Consenso de Washington.

Sin duda alguna el proceso de globalización ha arrastrado al país hacia una encrucijada donde éste se transforma radicalmente hacia un modelo de desarrollo propio o se continúa el actual proceso de incorporación hacia el mercado mundial bajo los postulados del neoliberalismo. Ello fundamentalmente por medio de las leyes del mercado.

Costa Rica ha logrado grandes avances económico y sociales en los últimos 50 años. Primero bajo el impulso de un modelo agroexportador que se fue transformando en un esquema sustitutivo de importaciones, pero que consideraba principios de un Estado de bienestar social. Ello hizo que se generara crecimiento, empleo y en general mejores condiciones de vida. Luego con la crisis del capitalismo mundial hacia finales de la década de los setenta, el triste desenlace del estado empresario, los problemas energéticos mundiales, la crisis política centroamericana, agudizada en la década de los ochenta, y el declive y posterior desaparición del socialismo real, el país se inclinó más hacia un modelo liberal donde las fuerzas de mercado se han convertido en el protagonista principal y casi único de las estructuras económicas de nuestro país. Esta situación en el contexto actual significa que detrás de estas estructuras se agrupan y se consolidan organizaciones de poder donde la burguesía nacional y los gobiernos ceden ante la influencia de agentes externos, particularmente grandes empresas y organismos financieros internacionales. En otras palabras, se incorpora al país en los parámetros de la globalización mundial pero sin estar preparada y sin mayores cambios en lo interno, salvo las políticas económicas neoliberales.

En ese contexto, en los últimos quince años se presentan en el país dos tendencias muy marcadas: por un lado, un crecimiento moderado del PIB (5% entre 1991-2005) acompañado por un aumento significativo de las exportaciones (pasaron de representar un 34% del PIB en 1991 a un 56% en 2005, con una oferta amplia de productos aunque concentrada en pocas empresas), un monto de inversiones de inversión extranjera no despreciable y un sostenido crecimiento del sector turismo (aproximadamente un 1.600.000 turistas en 2005).

Por otra parte, el país se ha estancado en materia de dar una solución al problema de pobreza (alrededor del 20% desde hace casi 15 años), creciente desigual distribución del ingreso, los ingresos primarios pagados al exterior pasaron del 3,9% en 1991 al 9,9% en 2005 del PIB, desequilibrios regionales profundos, moderado crecimiento del desempleo abierto y el subempleo, apenas un inicio del proceso de descentralización política del país (los egresos municipales solo representan un 1,2% del total del presupuesto público), creciente deterioro del proceso educativo, incipiente desarrollo científico y tecnológico, entre otros aspectos económicos y sociales.

En resumen, ha sido posible crear crecimiento y generar empleo pero en forma insuficiente, al mismo tiempo que se han ido generando condiciones sociales crecientemente injustas en conjunto con un mayor grado de inseguridad ciudadana y aparentes niveles crecientes de corrupción política.

En sentido, la construcción de una Agenda Social no solo es necesaria sino que debe involucrar a los sectores sociales más golpeados por el proceso de globalización, entre ellos los pobres, la clase media, mujeres e indígenas.

Ahora bien, ¿cómo se construye esa Agenda Social?. Creo que el primer paso, sería reconocer que las fuerzas del mercado son insuficientes para generar bienestar generalizado a la población del país. Mientras existan divergencias sobre este punto de partida, poco se podría avanzar en la construcción de la Agenda. En segundo lugar, hay que darle viabilidad política al proceso de diálogo. En este sentido, la consideración del Tratado de Libre Comercio debería pasar por un Referéndum aceptado por las partes en conflicto entre sectores de Gobierno, Empresariales y de la Sociedad Civil (sindicatos, agricultores, intelectuales y estudiantes). Finalmente, se debería buscar la mediación de instituciones que inspiren confianza a todos los sectores sociales del país para realizar un diálogo social cuyo propósito fundamental sería proponer una Costa Rica inclusiva y de oportunidades para todos, al mismo tiempo que las instituciones y mecanismos fundamentales necesarios para lograr la nueva plataforma de desarrollo.

Helio Fallas | 13 de Septiembre 2006

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