El Ministerio del Ambiente se alía con los poderosos y hace la vista gorda ante la destrucción
En Costa Rica, defender la naturaleza es una tarea titánica en la que los ecologistas casi siempre llevamos las de perder. Hay luchas que lamentablemente fracasan por el poder de empresarios inescrupulosos y la indiferencia o complacencia de las autoridades. Conforme el país se abre más al “libre mercado”, entramos en una pelea desigual en los tribunales, donde los grandes intereses tienen dinero para todo y a los defensores de la naturaleza con costo les alcanza para el abogado. Como pruebas en mano denuncia don Alcides Parajeles, campesino ecologista de la península de Osa, el Ministerio del Ambiente termina aliándose con los poderosos y haciendo la vista gorda ante la destrucción.
En esta realidad difícil, el capítulo 17 del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, o Capítulo Ambiental, es preocupante. Primero porque aparentemente reduce nuestra legislación ambiental a tres ámbitos: a) contaminantes ambientales; b) sustancias ambientalmente tóxicas; c) protección o conservación de flora y fauna silvestre. Podría creerse que el párrafo c) permitiría abarcar parte importante de nuestra legislación, pero no. El artículo 17.13 dice: “Para mayor certeza ‘legislación ambiental’ no incluye ninguna ley ni regulación o disposición de los mismos cuyo propósito principal sea la administración de la recolección o explotación comercial de recursos naturales”. O sea, quedarían excluidas, en parte o del todo, no lo sabemos, la Ley de Biodiversidad, la Ley Forestal, la Ley de Aguas, la de suelos y quién sabe cuántas más.
En segundo lugar, si ya denunciar la destrucción y lograr que se procese a los culpables y se los sancione es difícil, y lograr la reparación del daño prácticamente imposible, con las empresas que se acojan al TLC parece que será aún mucho peor. En efecto, si según dicho tratado se aplicaran normalmente los procesos de denuncia, ¿por qué habría que explicar -como lo hace el artículo 17.3 párrafos b) y c)- que las partes “tendrán derecho de apoyar o defender sus posiciones respectivas incluyendo la presentación de información o pruebas” y que “cada Parte establecerá sanciones y reparaciones apropiadas y efectivas por las infracciones de su legislación ambiental”? Y ¿por qué, si dentro del TLC se siguieran los procesos normales de denuncia, habría que establecer, como lo hace tediosamente el capítulo 17, complicadísimos mecanismos y procedimientos que solamente desembocan en declaraciones de buenas intenciones y recomendaciones aparentemente sin efecto vinculante?
En tercer lugar, el paso ocho del capítulo 17.10 dice que “ninguna Parte podrá recurrir al procedimiento de solución de controversias por ningún asunto que surja de conformidad con lo dispuesto en este Capítulo salvo respecto al Artículo 17.2 (1) (a)”. Dicho artículo se refiere a las infracciones ambientales que estén afectando “el comercio entre las Partes”. A mi leal saber y entender, esto significa que serán los empresarios y los inversionistas los que podrán recurrir a los costosos arbitrajes internacionales. Porque es fácil ver que los daños ambientales afectan el paisaje, la belleza, la biodiversidad, el aire, el agua, los derechos de las sucesivas generaciones a disfrutar de un ambiente sano; pero, en cambio, cuesta imaginar un daño a la naturaleza que afecte directamente “el comercio entre las Partes”.
Si ahora mismo cada vez que intentamos defender un hábitat, los empresarios nos acusan de oponernos al progreso, es fácil prever que dicha disposición permitirá a los inversionistas acusar a los ecologistas de afectar el comercio y llevar al país a costosos arbitrajes cada vez que sus intereses se vean amenazados. Esto hará prácticamente imposible la defensa del ambiente.
Por lo tanto, si queremos proteger la riqueza ecológica, el capítulo 17 del TLC debe ser modificado o eliminado. Solo los ríos no se devuelven. Y, para mayor salvaguarda, se deben aprobar las Garantías Ambientales.
(La Nación)
Anacristina Rossi | 4 de Abril 2006


2 Comentarios
Excelente planteamiento. Esta semana hemos recibido alertas del Consejo Universitario, de la Defensoría de los Habitantes, de la Junta Directiva del ICE, y ahora esto. No se trata de negarse porque no. Se trata de reconocer: 1-Que nunca debimos aceptar ser parte del TLC Centroamérica-EE.UU, que deberíamos haber hecho como Panamá: negociar bilaterlamente. Porque los pobres hermanos pueblos centroamericanos no tienen tanto como nosotros que perder. Somos distintos, hemos tenido historias distintas y construcciones de sociedad distintas…y por eso tenemos peculiaridades dignas de tomar en cuenta y que nos dan más chance para proponer algo más equitativo. 2-Que valdría la pena dejar los apasionamientos y hacer un gran debate nacional sobre el tema, que incluya e involucre más activamente a más sectores. 3-Que la gran prensa cumpla su papel informativo y formativo y evite estar arengando y manipulando, porque eso sólo puede generar mayor polarización, argumentos para que gente violenta se enseñoree y para que la discusión se anule y entre en juego la confrontación.
Es un asunto de madurez política, serenidad y responsabilidad que tenemos entre manos.
Primero que todo, mis respetos para usted, señora Anacristina Rossi, por su lucha en defensa del medio ambiente, esa lucha ecologista increíblemente impregnada de valentía, nos llama a la reflexión, y nos pone en sobreaviso, de una de las “vertientes” de ese río de corrupción en nuestro país como el caso de la venta de terrenos, que en muchos de los casos los empresarios construyen sus hoteles sin importarles el significativo daño ecológico que están causando, y claro está con la complicidad de unos cuantos inescrúpulosos, segados por la ambisión y unas cuantas dadivas. El problema radica en la falta de valores y de amor profundo por nuestro maravilloso e incomparablemente hermoso país, otra causa es cuando empresarios se meten a políticos o tienen fuertes vínculos con políticos, ese es el resultado.
Referente al TLC de EEUU con Centroamérica y Républica Dominicana, no se puede esperar que beneficie al pueblo, solo beneficiará a los grupos de poder económico de nuestra querida Costa Rica, recordemos que EEUU no solo invade con tanques, aviones y misiles de alta tecnología, sino que también con sus Trasnacionales. Y sin duda alguna, hay muchos vende patrias en nuestro país, fieles servidores del Imperio Yanqui. La lucha será fuerte y estoy seguro que los vende patrias lo saben, no al TLC, no a este TLC, que arrastrará al pueblo a lo más hondo de la pobreza.
Agradezco a Tribuna Democrática, por permitirme participar con este comentario.
Y mi admiración por la señora Anacritina Rossi por su lucha ecologista. Dios la bendiga!!