Pobreza

Por Rogelio Ramos Valverde

Hemos visto unas fotografías esclarecedoras y dolorosas. El periódico La Nación, domingo 21 de enero, evoca un pasado bien triste. El lente de Gómez Miralles ya dejado una huella profunda; huella más allá de lo anecdótico. Recoge momentos en los albores del siglo XX.

Parecen de tiempo inmemorial por la orfandad y por el atuendo; empero, tienen menos de cien años. Fijémonos bien, no perdamos ninguna escena: niños, mujeres, hombres descalzos; niños, mujeres, hombres mal vestidos; niños, mujeres, hombres desnutridos. Seres humanos propensos a las enfermedades, en especial de los menores por ausencia de centros de salud adecuados; sin agua potable en casi todos los cantones del país.

Es un recuerdo lleno de inquietudes. Por sus estampas viaja la pobreza producto de la desigualdad social. ¿Cuánta era esa pobreza? Digamos… un veinte por ciento? Sin ser los magos de las encuestas, batiríamos nuestro desaliento: no, no es posible; ensayemos otro cálculo… el treinta por ciento? Repudiamos esa cifra, no puede ser que esas mujeres con zurrones que apretaban una corona, no por cierto de diamantes, sino de espinas, pertenezcan tan solo a esa cuenta… vamos por la siguiente, un cincuenta por ciento? Ni pensarlo, con los parámetros que nos dejan los estudios de los que más “saben”, estaríamos negando la miseria. ¡En resumen… no es una valoración mensurable!

Claro, en ese tiempo no había gasolina cara pues no había casi vehículos, no había viajes por el país y por el extranjero; no había celulares, no había ni electricidad ni agua potable, salvo para una minoría muy selecta; no había ropa y zapatos de marca. Había pobreza y más pobreza. A ese mundo ya superado, aspiran llevarnos y están por conseguirlo, ciertas políticas contrarias al sentido de fraternidad de los costarricenses. Se dan “maña” para ocultar sus designios: vuelcan su afán en el encontrar resquicios para llamar la atención en errores de las instituciones públicas: luego viene el descrédito, con grandes títulos o fanfarria alusiva a esos yerros de la administración. Son verdaderos apóstoles de la insidia.

Pero sigamos con nuestra historia: apareció don Alfredo González Flores, y marcó la cancha con otro color y dimensiones. No podía el poder público ser remiso a darle atención a ese negador proceso de solidaridad. El empeño del presidente González Flores fue truncado por el brazo militar comprometido en una aventura golpista y maldiciente, al propósito loable del presidente.

En ese talante transcurrió el destino patrio. Emprendieron otros esfuerzos las fuerzas populares. Vino con el Reformismo, las primeras leyes sociales. Después otro vacío profundo, hasta llegar con la alborada del decenio de los cuarenta: se forjó una Costa Rica más solidaria, más participativa, más llena de luces. Para quienes aun jóvenes vivimos esa experiencia sabemos de la lucha llevada a extremos maliciosamente sediciosos. Esos años de la Reforma Social dieron ejemplo de transformación desde el poder público; los gobernantes entendieron su responsabilidad histórica. Y para hacer completa esa tarea, el gobierno revolucionario del año 1948, fue claro en mantener esas conquistas. Por encima de las diferencias políticas que turbaron esos años, las leyes sociales fueron el campo donde se dirimían nuestras campañas electorales. Hoy por desgracia no es así.

Si revisamos esas viejas fotografías y lo comparamos con lo actual, cuantas diferencias, cambios y nuevos posesionamientos encontramos en la Costa Rica de hoy. Hemos avanzado mucho pero debemos seguir avanzando a fin que el pastel de los ingresos nacionales sea repartido más equitativamente; falta mucho por hacer, hoy tenemos más escuelas, más colegios, más universidades pero ahora debemos realizar tareas fecundas con los nuevos elementos de comunicación, más computación, más trabajo educativo según las mejoras internacionales. Falta mucho por hacer, hoy tenemos más teléfonos, más servicio eléctrico, más agua potable, más hospitales, más derechos sociales pero ahora debemos llevar adelante mejoras en la justicia social con más empleos, mejores salarios, más casas para la población más desvalida que sean, entre otros, los elementos necesarios para abatir la pobreza que llega al veinte por ciento. Falta mucho por hacer, ahora debemos defender nuestra identidad nacional más allá de las disputas electorales. Falta mucho por hacer, ahora es época de reforzar la conciencia pública con nuevos anhelos de mejorar nuestro destino como país. Eso es tarea de todos los buenos costarricenses.


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