La tecnología amenaza la propiedad intelectual

Por Lawrence Lessig, catedrático de Derecho en la Universidad de Stanford (California, Estados Unidos).

Dentro de cada cultura, existe un dominio público, una zona sin abogados, no regulada por las normas de los derechos de autor, que ha sido fundamental para la difusión y el desarrollo del trabajo creativo. Es la parte que se cultiva sin que nadie tenga que dar permiso. Este ámbito público siempre ha coexistido con el privado. Gracias a los incentivos de mercado que crea, el dominio privado también ha producido una extraordinaria riqueza creativa en todo el mundo. Es esencial para el desarrollo de las culturas.

Tradicionalmente, la ley ha mantenido el equilibrio entre estas dos esferas. La vigencia de los derechos de autor era relativamente corta y su alcance era esencialmente comercial. Sin embargo, un cambio fundamental en el carácter de las leyes de propiedad intelectual, inspirado por una transformación radical de la tecnología, pone ahora en peligro ese equilibrio.

Las tecnologías digitales han hecho que sea fácil -demasiado- difundir sin autorización la labor creativa producida en el ámbito privado. La piratería se extiende en las autopistas de la información. Ante ello, los redactores de normas -legisladores y especialistas en tecnología- han elaborado una variedad de armas sin precedentes, legales y tecnológicas, para librar la guerra contra los piratas y devolver el control a los propietarios de la cultura. Pero el dominio que van a permitir esas armas es mucho mayor que cualquier cosa que hayamos visto.

Dueños de la cultura

Estados Unidos ha aumentado de forma radical el alcance de la normativa sobre derechos de autor. Y, a través de la Organización Mundial de Propiedad Intelectual, los países ricos ejercen presiones para imponer restricciones al resto del mundo. A estas medidas legales pronto se unirán unas tecnologías extraordinarias que garantizarán a los propietarios de la cultura el control sobre el uso de su propiedad. Todo equilibrio entre lo público y lo privado desaparecerá. El dominio privado devorará el público y el cultivo de la creatividad y la cultura estará dictado por quienes afirman ser sus dueños.

No cabe duda de que la piratería es un problema importante, pero no es el único. Los dirigentes han perdido ese equilibrio. Se han dejado seducir por una visión de la cultura que mide la belleza en entradas vendidas. Por lo visto, no les preocupa un mundo en el que para cultivar el pasado sea necesario el permiso del pasado.

El peligro permanece invisible para la mayoría, oculto bajo el celo de la guerra contra la piratería. Y eso es lo que puede hacer que el dominio público muera calladamente, extinguido por el extremismo farisaico, mucho antes de que nos demos cuenta de que ha desaparecido.

(La Nación – Buenos Aires y Foreign Policy Magazine)


2 Comentarios

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    Marcelo Magallon

    Este es un tema muy necesario y muy poco desarrollado en nuestro medio. Nos la jugamos con la existencia de dos leyes, un código y varios tratados. Con eso sentimos que cumplimos y procedemos a ignorar el tema, prueba de ello es la operación impune de decenas sino cientos de locales comerciales -con todos los permisos necesarios- dedicados a la venta de copias ilegales de productos de entretenimiento: música, videos y juegos.

    Así es de lamentar que en la traducción se perdiese en varias partes el sentido original de las ideas del profesor Lessig, comenzando por el título. En el original el artículo se titula “el dominio público”, pero aparentemente quien elaboró la traducción opinó que a eso le faltaba picante, y procedió a retitular el trabajo con una frase que sugiere la idea *exactamente contraria* a la original.

    La “propiedad” intelectual no se ve amenazada por la tecnología, sino por el contrario: la tecnología está permitiendo ejercer controles sobre la propiedad intelectual que van en detrimento de la cultura. En los últimos cien años hemos sido capaces de producir más información que en *toda* la historia moderna, pero “gracias” a las medidas que hemos tomado tenemos acceso quizás a una décima parte de esa información.

    En la traducción se omitió -¿intencionalmente?- la idea siguiente:

    > Por lo visto, no les preocupa un mundo en el que para cultivar el pasado sea necesario el permiso del pasado. *No son capaces de imaginar que la libertad pueda producir una sola cosa valiosa.*

    La libertad no es una cosa pequeña, ignorable, que se pueda editar fuera para cumplir con una norma de espacio. *Es el punto central de la discusión y es precisamente lo que está en juego acá.*

  2. avatar
    José Calvo

    Yo estoy de acuerdo con el tema de este artículo, aunque se refiere más bien a los derechos de autor, y la apropiación de dominio público por parte de las empresas es más censurable en las llamadas “obtenciones vegetales” donde se monopoliza una especie entera mejorada por innumerables generaciones de agricultores mediante una pequeña transgénesis, ya que las otras mejoras son casi imposibles de proteger. La actitud empresarial en este caso es que lo que es público no es de nadie,y es por lo tanto apropiable. Como este tipo de apropiación se ha agravado tanto, yo pienso que esto provoca “piratería” y que el intento no tendrá éxito. Por supuesto que en materia de arte, donde de ajuste la protección no es para el artista el procedimiento va contra la cultura. En materia industrial la pretención empresarial de los paises ricos nos mantendría eternamente subdesarrollados.

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