A diferencia de la candidatura presidencial de don Abel Pacheco, la del Dr. Oscar Arias no es, en modo alguno, un accidente político. Responde a un proyecto de largo alcance, ambicioso, gestado años atrás por lo más granado de la oligarquía costarricense, una vez que penetró y controló los órganos de decisión de los partidos Liberación Nacional y Unidad Social Cristiana. Tras el fiasco de Pacheco buscaba al “hombre” –ahora denominado “capitán”– con los atributos apropiados para llevar a buen puerto la nave de sus designios. Es decir, consolidar el modelo de sociedad construido a partir del Primer Programa de Ajuste Estructural. Infiltrados los partidos –ambas agrupaciones, otrora de centro izquierda, viraron a la derecha– resultaba imprescindible llevar al gobierno a las figuras más identificadas con el proyecto. (En las últimas administraciones cada equipo económico responde a una orientación económica común; la filiación partidista es apenas nominal y no impone en sus integrantes diferenciación alguna.) La oligarquía financiera metida en política, aunque sin dar la cara y sin correr los riesgos de constituir un partido y de someterse al veredicto de las urnas con su propia carta de identificación, vio en don Oscar Arias Sánchez al “capitán” ideal. Mas había un grave obstáculo, la prohibición de la elección como Presidente de la República para quienes ya habían ostentado el cargo. Era preciso removerlo.
Ello se pactó en casa del empresario Rodolfo Jiménez Borbón, entre los ex presidentes Arias y Calderón. Al final, el tiro se cebó y la reforma al artículo 132 no llegó por ahí, sino por una decisión dividida de la Sala Constitucional de extraña factura como la visualizó don Luis A. Monge al calificarla como hecho grave equivalente a un golpe de Estado y a un rompimiento del orden constitucional. A partir de ese trascendental hecho, se asienta la candidatura de Arias en el PLN con el respaldo manifiesto de la oligarquía económica y de sus recursos, los medios de comunicación para empezar. A medida que avanza la campaña política, se confirma la existencia del concubinato. Y esto es lo que me hace temer más de una eventual presidencia de don Oscar. ¡No hay almuerzo gratis!
Temo a los efectos de las dos Costa Rica y a la desigualdad y la exclusión social que denunciara el Arzobispo de San José el 2 de agosto. Temo la consolidación del modelo económico implantado hace 25 años, que está determinando la acumulación de la riqueza en pocas manos y la explosión de la pobreza. Porque temo a la concentración del poder, temo a la alianza del poder político con el poder económico. Temo al aniquilamiento de la clase media. Temo a las consecuencias del desmantelamiento de la política social del Estado. Temo al entierro de la reforma social y económica promovida por Calderón Guardia y Figueres Ferrer. Temo a tantas coincidencias de Oscar Arias con la oligarquía. Temo a la ceguera de los nuevos ricos.
(La República)
Alvaro Madrigal Castro | 6 de Enero 2006


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