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¿Llamadas gratis? Ni de humo

José Calvo | 11 de Octubre 2005

El código neoliberal nos advierte siempre que “no hay comida gratis”, pero ahora resulta que las llamadas telefónicas si. Es una negación de uno de sus principios fundamentales. Hace unos días doña Anabel González Campabadal les dijo en La Nación a los del ICE, con mal disimulado regocijo, que muy pronto las corporaciones americanas nos iban a regalar las llamadas internacionales. Y poco después lo confirmó en una entrevista para La Nación (vaya apuntando para su almanaque de Gotha) don Guy de Theramond, ex ministro de ciencia de don Miguel Ángel Rodríguez, después de don Esteban Brenes, quien también lo fue de agricultura; o por lo menos de lo que entienden por agricultura en el INCAE. Don Guy también dramatizó el progreso tecnológico recordando cuando solo nos podíamos comunicar con el extranjero mediante un cablegrama, que había que ir a poner a la Western Union y costaba por lo menos 5 dólares para diez palabras; algo que yo hice por años cuando vivía en el extranjero y tenía alguna urgencia de comunicarme con mi casa, hasta que me di cuenta de que podía mandar el mismo mensaje del Telégrafo por unos pocos centavos. En todo caso era mucho más caché un cable de la Western Union.

Cuando se hicieron posibles las llamadas telefónicas internacionales, estas eran mucho más caras que los cablegramas, y eso era así hasta ayer, de modo que un muchacho lo puede recordar. Yo creía que cada paso del progreso tecnológico nos sale más caro que el anterior, no más barato. Y ahora vienen estos dos notables a decirnos que las llamadas internacionales van a ser gratis. Algo tiene que estar mal. ¿Gratis? ¿El establecimiento comercial empeñado en ganar más y más regalándonos algo? Hmm, aquí tiene que haber un gatillo encerrado; de repente un tigre.

Como carezco del conocimiento cibernético que ahora separa a los salvajes de los civilizados y que tanto se nos restriega como EL CONOCIMIENTO —el mero mero; de hecho superior a la producción misma—. Y como no puedo recurrir a don Armando Vargas que es un experto en el tema, porque anda ahora padeciendo las persecuciones de la cosa nostra y el que sabemos, tengo que preguntarle mis dudas a los aristos expertos en negociaciones comerciales, privatización y “libre” comercio, aunque no crea mucho en su imparcialidad. ¿Es esta nueva ganga sólo para los que tienen computadora con correo electrónico, o es para todo el mundo? ¿No me saldrá más caro el caldo que los huevos en el costo de la máquina y el programa de obra suave? ¿Qué hará un hijo de vecino cuando necesite una llamada internacional? ¿Ir a un café internet? ¿Y qué tal si no sabe manejar la computadora, como seguro no lo saben hacer 5 mil millones de los 6 mil que habitamos el planeta? ¡Salados! Claro que los aristos se están refiriendo únicamente a los civilizados, aunque en el país solo haya 50 mil computadoras, y menos aún con conexión, porque no están hablando de plebeyos.

Hubo una época en que el teléfono de alambres era un adminículo más aristocrático que la computadora. De hecho eran más aristocráticas todavía las palomas, y no daban tan larga distancia. Pero cuando solo cuatro gatos se podían comunicar así, el hecho carecía de importancia; era irrelevante. Ahora en cambio separa a dos poblaciones; digamos los alfa más y los epsilones, porque como cualquiera sabe la computadora es asunto de ricos, aún con los programas pirateados.

No me vengan con el cuento de que la tecnología nos hace la vida más barata. La vida nunca fue más cara que ahora. Antes nos hacíamos la ropa de saco de harina, y solo teníamos que ir al cerco a cortar un racimo de guineos o arrancar unas yucas. Es cierto que teníamos menos cosas, pero tampoco teníamos que pagar por ellas forzosamente, y con el impuesto; ni robar para tenerlas (para no perder la asociación de ideas, porque los impuestos son útiles solo cuando no se los roban, y robárselos es mucho más seguro que el bajonazo).

Si lo que me quieren decir es que entre los ricos que han pagado una facilidad tecnológica es posible obtener una rebaja en otra; o una gratis, como al que le dan una “gratis” si se lleva doce. Entonces díganlo así y no con otra intención. Y si lo que me quieren decir es que el ICE no tiene la potencia económica de una corporación monopolística americana, y que por eso no va a poder competir en tecnología, eso puede muy bien ser cierto, pero no es una cosa buena, aunque forme parte del credo neoliberal.

Cierta vez que me abrieron la tranquera y me eché un trotecillo por la reforma neocelandesa –nada comparable a los galopes del consultor don Humberto Pacheco —el nuevo refuerzo pro business de La República, la que está haciendo una purga sospechosa e inquietante— le cuestioné a un superministro su aseveración de que el monopolio privado si fuera bueno, y él alegó que ese se lograba por mayor eficiencia y se perdía por ineficiencia (el ventarrón shumpeteriano). Quizá, puede ser, de repente, quién sabe, tal vez. Y tal vez no. Aquí es asunto de la fe neoliberal, que llega a extremos increíbles. Como en un curso de administración de empresas que el ICAP da al personal médico de la Caja, (que no se quiere aumentar aunque es patentemente insuficiente —privatización), donde un grupo de ingenieros industriales y masters en administración de empresas (seguro graduados del INCAE, donde creen que su “competencia” comercial es la teoría de la evolución) alega que “se trata de implantar conceptos existentes desde la aparición del hombre sobre la arrugada faz de la tierra y, probablemente, desde mucho antes. Seguro los practicaba habilis, y de repente procónsul, aunque sin “maestría”. Parece que los practican los chimpancés; y con toda seguridad los gorilas; aunque estén perdiendo la competencia porque nosotros somos más eficientes: rat-ta-tat-tat. Pun, pun.

Pero sabiendo que entre el big business la competencia es cut-throat es mejor no arriesgarse, porque ¿qué tal si el monopolio privado no es mejor, y ya no hay recurso de nacionalización? ¿Qué tal si la eficiencia que conduce a ese monopolio es la amistad con Bush? ¿Qué tal si se mete aquí mediante una negociación amañada y servil, y pagándole un millón de dólares de mordida a cada caudillo? ¿Qué tal si se mantiene cortándole la garganta a los competidores? ¿Qué tal si se fusionan los dos oferentes que mantenían una semblanza de competencia? Como cualquiera puede ver, me faltan un montón de “qué tales”: el principal es sobre la plata para subsidiar el servicio telefónico de los pobres, quienes de otra manera quedarían irremediablemente marginados en el nuevo mundo feliz de su Gatesería.

Tardé demasiado en mostrar mis suspicacias, porque el señor Max Espinoza, profesional en telemática, ha desmitificado la noticia mucho mejor en La República de Octubre 5, y muestra que no estoy desencaminado. Aunque el día 6 nos cuenta don Ricardo Trujillo, apologista de la privatización, las maravillas que esta trajo en El Salvador, “donde nadie cuestiona que las tarifas son más altas que aquí por los impuestos, las licencias de operación, y la publicidad” (y seguro el ISO 10,000). “¡Cosa ma grande, chico!”

José Calvo | 11 de Octubre 2005

1 Comentarios

* #17 el 16 de Octubre 2005 a las 09:48 PM Marcelo E. Magallón dijo:

Como don José Calvo en algún lugar está diciendo que este comentario está publicado aquí en TD entonces haré que sea cierto, sin cambios, sin ediciones, sin correcciones.

Hace unos días doña Anabel González Campabadal les dijo en La Nación a los del ICE, con mal disimulado regocijo, que muy pronto las corporaciones americanas nos iban a regalar las llamadas internacionales.

No, lo que la señora González dijo — o al menos, lo que intentó decir — es que va a llegar el día en el cual realizar comunicaciones de voz sobre medios digitales no va a costar extra.

Entre 0 y 100 hay diferencia.

Y entre 100 y 200 o 250 o 3000 o 40000 también.

Los proveedores de servicio están migrando hacia un modelo de “tarifas planas”, igual que el de televisión por Cable.

¿A alguien le cabe en la cabeza hoy en día que por el servicio de televisión por cable se pague cada vez que se enciende el televisor y se deje de pagar cada vez que se apaga? ¿No? Bueno, misma cosa.

Cabletica y Amnet venden el servicio de transportar una señal desde un punto particular del planeta hasta la casa del cliente. El cliente está en libertar de ver esa señal cuando quiera y además tiene una multitud de programas entre los cuales elegir.

El proveedor de Internet vende el servicio de transportar otra señal desde otro punto del planeta hasta la casa del cliente. El cliente está en libertar de ver esa señal cuando quiera y además tiene una multitud de programas entre los cuales elegir. Adicionalmente el cliente tiene la posibilidad de interactuar con esa señal y por si eso fuera poco, también puede producir una señal.

¿Que esa señal que el cliente genera se puede interpretar como voz? ¿y que la que recibe también? Diey, pues demos gracias por los milagros del siglo XXI entonces.

Yo creía que cada paso del progreso tecnológico nos sale más caro que el anterior, no más barato. Y ahora vienen estos dos notables a decirnos que las llamadas internacionales van a ser gratis. Algo tiene que estar mal. ¿Gratis? ¿El establecimiento comercial empeñado en ganar más y más regalándonos algo? Hmm, aquí tiene que haber un gatillo encerrado; de repente un tigre.

No hay tal.

Pague por el servicio de acceso y úselo como quiera. Ese es el gato que está encerrado.

Eso le mueve el piso a más de un economista porque ellos siguen pegados en la idea que se está haciendo una llamada telefónica por la cual hay que pagar alguna cantidad de dinero.

No podemos ni asumir la posición de que VoIP es la pomada canaria ni tampoco la que de como eso es barato tiene que ser invento del diablo.

Ayer leía que el ICE adjudicó la compra del material y equipo necesario para la ampliación de la red de fibra óptica en el país. 59 millones de dólares nada mas. Ese es el “gratis”.

un hijo de vecino cuando necesite una llamada internacional? ¿Ir a un café internet? ¿Y qué tal si no sabe manejar la computadora, como seguro no lo saben hacer 5 mil millones de los 6 mil que habitamos el planeta? ¡Salados!

La tragedia no nos lleva a ningún lado. Hay un café internet por la Universidad de Costa Rica que vende llamadas internacionales “baratas” (50 colones por minuto o algo así). Y si, son llamadas VoIP. El problema de la interfase de usuario ya lo resolvió alguien hace rato también: se ve como un teléfono, suena como un teléfono, funciona como un teléfono… ¡es un teléfono!

Si, es cierto, se necesita una computadora, se necesita una conexión a internet, se necesita electricidad, se necesita saber leer y se necesita una casa donde guardar todos estos trastes.

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