En 1994, la publicidad oficial del gobierno mexicano sobre el tratado de “libre comercio” que iban a firmar con Estados Unidos prometía un futuro luminoso y promisorio para México: con pleno crecimiento económico, oportunidades de más y mejor empleo, en fin, progreso para todos (cualquier similitud con campañas locales no es pura coincidencia). Uno de los más grandes engañabobos políticos de nuestro continente –que ya es mucho decir-, Carlos Salinas de Gortari, presidente de México en aquel entonces, le prometía a su pueblo que, guiados por la mano invisible del “libre mercado” dejarían de ser un país más del Sur, del Tercer Mundo, de la periferia y que pronto pasarían a sentarse, codo a codo, en la mesa de los comensales ricos, en la OECD (Organización de Cooperación y Desarrollo Económico), junto con los países más desarrollados y poderosos del planeta. Imagínense, repetía Salinas de Gortari: ¡un TLC con Estados Unidos y Canadá! México sería parte del principal mercado comercial del planeta; más que vecinos, serían socios de la mayor potencia económica, política y militar del nuevo orden mundial unipolar. Además, decía don Carlos, ya no sería necesario migrar al Norte, pues México sería parte de él.
La realidad, terca y dura, pronto empezaría a desvanecer en el aire, una a una, todas las promesas que habían hecho los encantadores de serpientes, los embaucadores de ingenuos, los sabios tecnócratas y los demagogos de profesión. En poco más de una década emergió, clara y nítida, la realidad de los resultados del nuevo modelo: una realidad más dura y llena de dificultades para millones de mexicanos y más opulenta y llena de oportunidades para una pequeña élite de ganadores, incluyendo al primer multimillonario mexicano, don Carlos Slim, quien amasó su capital gracias al proceso de acumulación por desposesión o privatización de las telecomunicaciones mexicanas. (No sería de extrañar que, de aprobarse la apertura de telecomunicaciones en Costa Rica, la empresa de don Carlos sea una de las que participaría en el nuevo cartel oligopólico que se crearía en este sector estratégico para el desarrollo del país). En el Informe De Cancún a Miami: el desarrollo del hemisferio en juego de la ONG humanitaria OXFAM (2003: 2-3), se describen algunos de estos resultados que vale la pena citar en extenso:
“En México, según el Banco Mundial, 45 millones de mexicanos pobres viven con menos de US$2 al día, de ellos 10 millones viven en la pobreza extrema, con menos de US$1 al día. Los altos niveles de pobreza se han mantenido como constantes durante el TLCAN, aunque según datos de la CEPAL el nivel de pobreza rural ha aumentado en la última década.
“Naciones Unidas en su primer informe sobre el Desarrollo Humano en México en el año 2002, ubica a México en el lugar 54 de 173 países en el índice de desarrollo humano, el mismo ranking que a principios de los años noventa.
“El Banco Mundial destaca las enormes diferencias entre ricos y pobres, el norte y el sur, las ciudades y el campo, y entre hombres y mujeres que han aumentado en los últimos 10 años. La incapacidad del TLCAN de abordar el problema de la pobreza y la desigualdad entre países tan asimétricos como Estados Unidos, Canadá y México es indicativo de las limitaciones de un ALCA que repite el esquema del TLCAN.
“Sin embargo, para México las cifras macroeconómicas son citadas por los defensores del modelo como sinónimo del éxito. México se ubica entre los primeros 10 países exportadores del mundo, sus exportaciones crecieron de US$51 millones en 1993 a US$160 millones en el 2002. Durante buena parte de la década de los 90, México fue el mayor receptor de inversión extranjera en el mundo, con un increíble acumulado de 153 mil millones de USD durante el TLCAN. Sin embargo, el prometido crecimiento económico no ha llegado: un promedio anual de crecimiento de menos de 1% durante el TLCAN solo ha exacerbado las grandes desigualdades sociales. Según un informe del 2003 de las Naciones Unidas, la economía mexicana está virtualmente estancada por tercer año consecutivo.
“La integración económica entre México, EEUU y Canadá podría haber ayudado a combatir la pobreza y la desigualdad, pero la manera en que el TLCAN la abordó, socavó dicho potencial. Por ejemplo, el TLCAN debilitó substancialmente el rol regulador del Estado mexicano, de manera que los flujos de comercio e inversiones han tenido una pobre conexión con las cadenas productivas nacionales, con poco efecto multiplicador para el resto de la economía, para generar crecimiento y empleo. Por otro lado, al permitir la entrada a productos agrícolas subsidiados, el TLCAN causó estragos entre los millones de pequeños productores de granos básicos.”
EN SÍNTESIS, en lo que respecta a la promesa del crecimiento económico, pese a la masiva atracción de inversiones, éste fue exiguo (1% anual). En lo que respecta a la promesa de más oportunidades para todos, el incremento de las exportaciones y el superávit comercial con los Estados Unidos ha sido incapaz de evitar la concentración de las oportunidades y la polarización social. De hecho, durante el período del “libre comercio” la desigualdad aumentó al igual que la pobreza (sobre todo la rural). Como se indica en el último párrafo de la cita del Informe de OXFAM, no fue posible distribuir de manera justa la riqueza (por ejemplo, por medio de la generación de encadenamientos productivos) porque el TLCAN debilitó seriamente el papel regulador del Estado mexicano. ¿Cabe alguna duda de que esta no será la tendencia prevaleciente en Centroamérica?
En el caso particular costarricense, el tratado de “libre comercio” atenta de manera directa contra lo que queda del modelo solidario de Estado de Bienestar o Social de Derecho al debilitar la función del sector público en distintos ámbitos de acción: telecomunicaciones, seguros, salud, entre otros. Esto, sin obviar el debilitamiento que ya ha ocurrido en otros ámbitos desde hace dos décadas. Como lo han advertido con acierto gran cantidad de intelectuales, dirigentes sociales y personalidades del país, ello tendrá un efecto muy serio sobre el futuro del desarrollo nacional, incrementando la desigualdad, la insolidaridad, la pobreza y la exclusión social.
Volviendo al ejemplo mexicano, en lo que respecta a la promesa del empleo, estos crecieron muy por debajo de la tasa promedio necesaria para asumir el aumento demográfico de la población económica activa (PEA). De hecho, como indican Kevin P. Gallagher y Lyuba Zarsky en el artículo “Sustainable Industrial Development? The Performance of Mexico’s FDI-led Integration Strategy”:
“…De acuerdo a los estimados de los indicadores nacionales de México, de manera aproximada 730,000 mexicanos han entrado a la población económica activa cada año, para un total de 6.5 millones de personas entre 1994 y 2002. En contraste, solamente fueron creados en promedio 552,000 nuevos trabajos en toda la economía cada año, dejando un aproximado de 2.5 millones de personas sin empleo”. (2004: 48)
A la insuficiencia en la creación de empleo habría que agregar que, en lo que respecta a la calidad, hubo un deterioro marcado del mismo (formalidad, condiciones laborales, nivel de calificación), al igual que de los salarios, que también decrecieron en este período. Como indica el investigador Carlos Salas en su informe El impacto del ALCAN sobre los salarios y los ingresos en México (La Red de Investigadores y Sindicalistas para Estudios Laborales (RISEL), 2004):
“De hecho, el subempleo y el trabajo en empleos de baja remuneración y baja productividad (p.ej., trabajo no remunerado en empresas familiares) han, en efecto, crecido rápidamente desde los principios de la década de los 90…
“Entre 1991 y 1998, la proporción de los trabajadores que en sus empleos reciben salarios y prestaciones cayó marcadamente en México. La remuneración de los trabajadores restantes, que trabajan independientes, entre los que se encuentran los trabajadores no remunerados de famiempresas, además de los propietarios de empresas pequeñas, estuvo muy por encima de aquellos del sector asalariado en 1991. En 1998, los ingresos de los empleados asalariados habían descendido en un 25%, mientras que los ingresos de los trabajadores independientes habían descendido en un 40%. En ese entonces, el ingreso promedio de los trabajadores independientes era sustancialmente más bajo que el de la fuerza laboral asalariada. Eso refleja el crecimiento en el empleo de bajos ingresos, por ejemplo el de vendedor(a) ambulante y el trabajo familiar no remunerado (por ejemplo en tiendas y restaurantes). Después de siete años, el ALCAN no ha producido los beneficios prometidos a los trabajadores en México y se han logrado pocas de las metas expresadas del acuerdo, si es que se han logrado algunas”. (Salas, 2004: 16-21)
HOY ES EVIDENTE que, después de una década de “libre comercio” con Estados Unidos, México no se desarrolló y no se constituyó en el Norte prometido. Ello contribuye a explicar el incumplimiento de otra promesa: el fin de la emigración. Esta no solo no disminuyó sino que creció más que nunca, abarcando a regiones de México que no tenían historia de emigración y a sectores más calificados de población mexicana que la que componía la emigración laboral histórica hacia el país vecino del Norte:
“…La migración internacional hacia el norte incrementó durante toda la década de los 90, y el número de migrantes permanentes ha aumentado de forma particular (Tuirán 2000). El origen geográfico de estos migrantes es muy diverso, dado que muchos de los nuevos migrantes provienen de regiones sin ninguna historia previa de flujos migratorios hacia los EE.UU. A la vez, más migrantes provienen de las áreas urbanas y son mejor educados, lo que contrasta dramáticamente con la imagen tradicional de los migrantes rurales analfabetos. Este cambio de los patrones de migración es otro indicador del descenso de la oferta de buenos empleos en México, aún para trabajadores bien educados.” (Salas, 2004: 20).
En la misma línea, agregan Gallaguer y Zarsky que en los 1990s, aproximadamente 300,000 mexicanos emigraron a los Estados Unidos cada año, comparado con menos de 200,000 en los 1980s (Gallaguer y Zarsky, 2004: 49). Datos más recientes del Consejo Nacional de Población de México indican que el número de migrantes por año ha subido a aproximadamente 400,000, lo que evidencia que la tendencia aumenta.
En síntesis, la experiencia del TLC México-Estados Unidos deja al desnudo las falsas promesas hechas por la clase política mexicana y empresarial al momento de la negociación y también enseña lecciones claras sobre las consecuencias que tendrá para Costa Rica la aprobación de un tratado que fue negociado, al igual que en el caso mexicano, como si nuestro país fuera el rico y Estados Unidos el país pobre. Un tratado con las características que tiene el TLC, que responde a una lógica neo-mercantilista y a una estrategia geoeconómica de bilateralismo intensivo de EUA, no debe ser aprobado bajo ninguna circunstancia, a menos que lo que se persiga sea, de manera consciente y deliberada, un proceso de polarización social que acabará con la Vía Costarricense que le ha permitido a nuestro país grandes logros sociales, políticos y económicos para nuestra gente. ¿Vale la paz social de Costa Rica treinta monedas de plata o un plato de lentejas? Sí para algunos. Sin embargo, creo que las grandes mayorías pronto entenderán lo que está en juego y responderán a esta pregunta con un contundente No al TLC, Sí a Costa Rica.
Mata de Platano, Guadalupe. 23 de octubre de 2005.
Alberto Cortés Ramos | 25 de Octubre 2005


4 Comentarios
!Qué bien que don Alberto Cortés Ramos, distinguido joven intelectual, profesor asociado en la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica, se una a los colaboradores de Tribuna Democrática! Como persona costarricense (por parte de madre) y nicaragüense (por parte de padre), educado en Managua y San José, seguramente dará luz sobre los problemas binacionales. Quizá más adelante escriba textos más breves, de mayor lecturabilidad.
Muy interesante su forma de demostrar con datos especificos, y no como algunas personalidades que solo utilizan vaguedades, a pesar de la extensión no es aburrido, si deberia disminuir el volumen por que no todos los lectores tienen la misma paciecia, pero en general si esta muy bien redactado. Felicitaciones, es un muy buen escrito y espero seguir viendo sus publicaciones.
Los datos apoyan su punto…pero que le dice a ud que todos ellos (migración, pobreza, empleo) fueron TLC-relacionados?
Excelente cometario, pero qué pena que la mitad de los ticos no quieran escuchar y su sustento intelectual provenga de los diarios espacios de propaganda con los que el gobierno les lava el cerebro. Muy buen comentario.