Entrevista sobre Nicaragua y Costa Rica por la libre navegación del Río San Juán.
1. ¿En la coyuntura política de Nicaragua qué significa este conflicto que sobrepasa sus fronteras y atenta contra las buenas relaciones con uno de sus más cercanos vecinos?
A mi juicio podría convertirse en un factor de exaltación del nacionalismo y la unidad nacional (así se destaca en la Declaración del Presidente Bolaños de anoche) ante una presunta “agresión” externa. Este tipo de actitudes patrioteras no serían nuevas, pues con frecuencia en Nicaragua se han invocado las crisis fronterizas con Costa Rica para disimular o evadir coyunturas domésticas complicadas. Dicho sea de paso, algo similar podría ocurrir en Costa Rica, en donde la coyuntura electoral sería un caldo de cultivo propicio para que los candidatos y partidos también se insuflen de patrioterismo y nacionalismo exacerbados con el fin de llevar agua a sus molinos. Semejante actitud sería a todas luces deplorable.
2. ¿Cómo analiza la acción de Costa Rica en estos tres años de negociación y la decisión de trasladar la disputa a una corte internacional?
En lo que atañe a la decisión de llevar el contencioso a la Corte Internacional de Justicia, me parece que es un recurso legítimo que, adicionalmente, tiene la ventaja de ser un mecanismo de resolución pacífica de controversias al cual ambos países atribuyen idoneidad. A mi juicio, por lo tanto, la decisión del gobierno es la correcta y nos permitirá resolver estos diferendos de una vez y para siempre. En cuanto a la tardanza para someter el caso a la CIJ, pues yo hubiese preferido que la acción se hubiese interpuesto ANTES (para evitar que coincidiera con la coyuntura electoral en Costa Rica y pre-electoral en Nicaragua), pero eso ya es irrelevante a estas alturas.
Lo que sí debo enfatizar es que el diferendo binacional sobre el río no deberían oscurecer el hecho objetivo de que la agenda entre Costa Rica y Nicaragua es mucho más amplia que dicho diferendo. “Sanjuanizar” la agenda, haciendo que toda ella gire en torno a los derechos de libre navegación, me parece un error que nos puede costar muy caro a AMBOS países. En este sentido, mi posición ha sido que hay que poner el tema río en perspectiva, entender que hay factores más importantes que no están siendo atendidos adecuadamente (como el tema migratorio, por ejemplo), y que deberíamos poner a funcionar nuevamente la Comisión Binacional Costa Rica–Nicaragua como la instancia oficial más adecuada para darle un tratamiento integral a nuestros intereses comunes.
3. ¿Cómo creé que se resolverá este conflicto?
En una primera instancia, con el fallo de la CIJ (que es de acatamiento obligatorio para las partes) y después a partir de un manejo muy cuidadoso pero también creativo de la agenda binacional. La resolución de la Corte no resolverá todo. Ni siquiera aludirá a otros diferendos fronterizos que Costa Rica y Nicaragua tienen (sobre la delimitación marítima, por ejemplo). En este sentido es necesario que las Cancillerías de ambos países, tanto antes como después del fallo, sigan trabajando en los procesos de diálogo. Nuevamente insisto en que la mejor forma de hacer esto es por medio de la Comisión Binacional. En cualquier caso, estoy convencido de que las relaciones de vecindad entre Costa Rica y Nicaragua evolucionarán hacia estados superiores de desarrollo en el momento en que ambos países potencien proyectos transfronterizos. Esta “transfrontericidad”, entendida como el conjunto de iniciativas surgidas desde las propias regiones fronterizas con el apoyo del Estado Central, permitiría la superación de viejos problemas estructurales que hoy inhiben el desarrollo sostenible de las fronteras de toda Centroamérica.
(Democracia Digital)
Luis Guillermo SolÃs R. | 29 de Septiembre 2005


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