El politólogo y analista Luis Guillermo Solís asegura que quien resulte electo presidente de los comicios generales del 2006 en Costa Rica, tendrá un poder “muy limitado”, pues no contará en la Asamblea Legislativa con una mayoría necesaria para imponer su voluntad política.
Solís afirma que nadie puede saber al día de hoy quién ganará las elecciones e indica que la ventaja que le dan las encuestas a Oscar Arias, el candidato del neoliberalismo, a lo sumo lo ubican como “el minoritario más grande”.
El ex director de Política Exterior de la cancillería durante el gobierno de Arias, ve además difícil la constitución de una alianza electoral de las fuerzas emergentes, considera que el tiempo corre en contra de ello, que no existe un programa alrededor del cual establecer esa alianza y que existen celos y resentimientos entre las cúpulas de Unión Patriótica (UP) y Acción Ciudadana (PAC), así como diferencias de fondo entre éstas y el partido Unión para el Cambio (UC), tales como el tratado de libre comercio con Estados Unidos.
Solís ve difícil que algún candidato se alce con la victoria en la primera vuelta, y señala que en una segunda ronda la correlación de fuerzas se podría invertir, con lo que se elegiría un presidente con un poder muy limitado, que tendría que tener una gran habilidad para negociar, si no quiere verse sumergido en la ingobernabilidad.
Informa-tico.com conversó con Solís, ex dirigente del Partido Liberación Nacional (PLN), al que renunció en enero pasado por considerar que abandonó los postulados socialdemócratas que le dieron origen en los años de 1950. A continuación la entrevista completa.
¿Cómo ve usted la configuración electoral en este momento?
Creo que la situación no es clara, dependiendo de diversas variables, la campaña puede derivar en un sentido o en otro. Un elemento fundamental será el grado de abstencionismo. A partir de los datos de hoy, evidentemente un alto abstencionismo parecería favorecer a Oscar Arias, quien tiene una significativa mayoría entre los que dicen estar dispuestos a votar, no así entre los que no se han decidido, que son muchísimos.
El otro tema es el de la segunda ronda electoral. Es casi un hecho que habrá una segunda ronda, porque con tantos partidos resultará difícil que alguno alcance el 40% necesario para ganar.
Sin embargo, como le decía, las cosas aun no están claras. Habrá que esperar a que la campaña caliente para ver las tendencias.
¿Pero, a cómo está la situación hoy día, se puede decir que Oscar Arias será presidente?
No, no se puede afirmar que al día de hoy Oscar Arias es presidente, ni mucho menos. En estos momentos Oscar Arias es el minoritario más grande, pero no es, ni mucho menos, el presidente inevitable.
¿Tienen los partidos emergentes posibilidades reales de poder vencer a Oscar Arias por separado?
No, en este momento no. Lo que pasa es que no sabemos cómo van a crecer esos partidos. Por ejemplo, la Unión para el Cambio de Antonio Álvarez Desanti está creciendo. Si todos esos partidos emergentes sacan entre 10 y 15% de los votos obligarían a una segunda vuelta, y en una segunda vuelta es probable, es posible imaginar alianzas y se pueden dar sorpresas.
¿Usted ve voluntad, de parte de los emergentes, de constituir una alianza o coalición?
No, yo creo que es muy limitada esa voluntad. Hay unos partidos y candidatos que la tienen más como José Miguel Corrales (Unión Patriótica) y José Miguel Villalobos (Acción Democrática Nacionalista), pero no creo que sea una actitud que predomine en todos los emergentes.
¿A que atribuye eso?
Creo que hay varias razones, desde razones de personalidad, hasta razones de doctrina. No es fácil armonizar posiciones frente a todos los temas. Hay partidos que simplemente no van a hacer concesiones ideológicas y doctrinarias en aras de ganancias electorales. Y aquí hay un tercer elemento que es preocupante.
En ningún caso se está planteando una alianza de los emergentes en la Asamblea Legislativa, y eso deja abierta la pregunta de la viabilidad, en última instancia, de esas alianzas, porque uno se pregunta ¿para qué se quiere la alianza, si para sentar las bases de un proyecto de país o para detener a alguien?
¿Hay falta de madurez?
Eso puede ser en algunos casos, pero también hay que señalar que desde el punto de vista jurídico será difícil realizar una coalición, no parece que haya tiempo.
Algunos candidatos hablan de un “programa mínimo” para hacer una alianza.¿Cree que formar ese programa mínimo es tan difícil como lo pintan algunos?
En algunos casos, yo creo que no es tan difícil, porque se tienen posiciones relativamente cercanas en algunos temas. En otros casos, yo creo que sí hay dificultades serias, por ejemplo no resulta imaginable que el PAC puede acercarse a un partido que este a favor del TLC, por ejemplo, como ocurre con el partido de Antonio Álvarez.
Yo lo que digo es que el tema de la afinidad no se puede resolver en abstracto, hay que meterse en el detalle de las propuestas. Porque si se hace una alianza con un programa mínimo, poco claro, pues no habría capacidad de concretar esa agenda cuando se llegue al poder. Eso podría llevar a situaciones de ingobernabilidad inmanejables.
¿Y, en el caso concreto de UP y PAC?
En ese caso, yo creo que son dos de los partidos que tendrían más afinidades. Pero ahí hay conflictos incluso de naturaleza personal, entre la dirigencia superior de UP y la dirigencia superior del PAC. Hay una historia que no puede ser ignorada.
¿Pero, precisamente, por eso le hablaba sobre si no existe falta de madurez?
Yo no creo que se pueda formar una alianza solo hablando de ideología. El problema es que aquí se está hablando de una alianza para las presidenciales, pero yo no he oído a nadie hablando de una alianza en la Asamblea Legislativa. Entonces ahí yo veo una gran limitación. Hay partidos bastante maduros como el PAC que podrán decir: mire una alianza así no vale la pena.
Y si se habla de un programa mínimo, eso podría conducir a graves problemas de ingobernabilidad. Armar una coalición por los mínimos puede darte el poder, pero no necesariamente te garantiza gobernabilidad. Forzar las alianzas sobre la base de los mínimos podría resultar terriblemente negativo para el país. Mejor que cada uno vaya por separado. ¿Qué no pueden ganar si no se juntan? Bueno, es un riesgo que se corre.
¿El temor de que Oscar Arias vaya a profundizar las reformas de corte neoliberal no debería ser también un elemento para alentar esa alianza?
Bueno, eso es muy relativo. El presidente que resulte electo podrá hacer más o menos, dependiendo de la proporción de su victoria. Y mi impresión es que nadie va a tener una victoria contundente, y por lo tanto cualquier posibilidad de reforma pasará necesariamente por una Asamblea Legislativa que va a estar muy fragmentada. Entonces yo no veo que necesariamente tengamos que plantearnos un escenario catastrófico con el eventual triunfo de Arias.
Aquí la gente no está admitiendo que estamos en un proceso de transición política, de transición del sistema político, como resultado de las condiciones reales del país. Entonces, ¿la coalición es para parar a Oscar Arias? No, si ese es el objetivo, es una muy mala idea, me parece a mí.
¿Usted piensa que Oscar Arias, en el caso de que ganara, aunque quisiera profundizar esas reformas de corte neoliberal no va a tener el espacio para hacerlo?
No, no va a tener el espacio. Yo creo que el próximo presidente de Costa Rica va a tener un mandato muy limitado, con una fracción legislativa, que nunca será suficiente para pasar con mayoría las grandes reformas que el país va a requerir y me parece que, independientemente de quién sea esa persona, el signo del debate político durante los próximos años va a ser la negociación. Esa negociación será más o menos exitosa dependiendo de la habilidad del presidente, pero un mandato apabullante no lo va a tener nadie.
¿Podría ser válida entonces la tesis de que a algunos emergentes no les interesa llegar al gobierno en esta elección?
Sin duda, yo creo que aquí hay proyectos de mediano plazo, que se están perfilando claramente. Lo cual me parece muy legítimo.
Y repito, una coalición con el propósito de impedir que llegue Arias al poder, puede quedar atrapada en el peor de los mundos, incapaz de alcanzar su objetivo, pero además incapaz de posicionar un número suficiente de diputados que permitan impulsar un proyecto alternativo.
Yo espero que el nuevo gobierno y el Estado refleje los equilibrios de la actualidad, tal cual.
¿Eso que usted señala, no indicaría que en una segunda ronda, en la que un emergente podría capitalizar los votos, podría llevar a un gobierno que no tiene claro hacia donde va?
Yo creo que sí. Y parte del problema de una segunda ronda, es que los diputados se eligen en una primera. Y podés armar un candidato en una segunda ronda, que no tenga mayoría legislativa, y entonces tendría un problema de gobernabilidad muchísimo mayor del que uno se imaginaría. Una segunda ronda lo único que hace es dar la posibilidad de cambiar el poder ejecutivo, pero el legislativo queda electo en una primera vuelta.
Así es que yo veo una Asamblea Legislativa más complicada que la actual, mucho más fragmentada, y me parece que va a haber minorías parlamentarias mucho más variadas y que ningún partido va a poder garantizar por sí solo, o en alianza con otro partido, la mayoría suficiente para hacer cambios sustantivos.
¿Entonces para ver perfilarse cambios habrá que esperar hasta el 2010?
Yo digo que Costa Rica está en una transición, lo he sostenido desde hace varios años, que el sistema político está en transición, y que esta (la elección del 2006) no es si no una parada del tren que va para adelante, y que por lo tanto aún el último capítulo no está escrito. Las condiciones no están dadas para poder decir que se ha llegado ya a una articulación de un nuevo pacto político en el país.
(informa-tico.com)
Luis Guillermo SolÃs R. | 7 de Julio 2005


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