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¿Un ejército centroamericano?

Luis Guillermo Solís R. | 27 de Junio 2005

En estos días los presidentes centroamericanos se reunirán en Honduras y conocerán, como parte de su agenda de trabajo, una propuesta insólita: la creación de un germen de ejército regional centroamericano con capacidad operativa transnacional y bajo el control táctico de los Estados Mayores de las fuerzas armadas participantes. Semejante despropósito, emanado de los conciliábulos de la Conferencia de las Fuerzas Armadas de la América Central (CFAC), constituye un ominoso regreso al pasado pues no es sino la recreación de la tristemente célebre CONDECA (Confederación para la Defensa de Centro América) que en los años sesentas y setentas representó uno de los papeles más macabros de la historia regional.

La iniciativa de los militares centroamericanos responde a la reiterada solicitud de los presidentes del área para que las Fuerzas Armadas preparen un plan regional de combate al terrorismo y al crimen organizado. Emanadas originalmente de los mandatos de la Cumbre de El Zamorano en octubre del 2001, estas solicitudes son coincidentes con las nuevas prioridades del Pentágono. Sin embargo, también reflejan una voluntad incontrovertible de los institutos castrenses de recuperar, tanto en sus propios países como en el conjunto centroamericano, el protagonismo perdido durante la transición democrática de los últimos tres lustros. Asimismo preludian el fin del consenso doctrinario construido en torno al Tratado Marco de Seguridad Democrática en Centroamérica (1995) y, peor aún, el inicio de una nueva “guerra fría”que, revestida de virtuosa cruzada contra “mareros” y narcotraficantes, aparece como una oportunidad única para acuartelar a la democracia y remilitarizar a las ya de por sí frágiles instituciones de seguridad ciudadana de los países de la región.

El Gobierno de Costa Rica conoce de esta poco inocente ocurrencia. Así se desprende de las declaraciones del señor ministro de Seguridad Pública, quien de manera personal o en la figura de alguna de sus subalternas ha participado en los encuentros de la CFAC. Sabemos que la administración Pacheco ha dispuesto no participar en esta locura por imposibilidad constitucional. Sin embargo, ¿tendrá el señor Presidente la lucidez, la firmeza moral y la dignidad para objetarla de manera clara e inequívoca? Si el presidente de Costa Rica no se planta en Honduras y Centroamérica aprueba la creación de este bufo “miniejército”, entonces una vez más habremos traicionado uno de los más altos principios de la política internacional del país, ya muy venido a menos tras las desafortunadas decisiones tomadas en torno a la guerra en Iraq.

Centroamérica no necesita de un ejército regional para combatir al terrorismo, ni soldados para detener el flagelo del crimen organizado. Necesita un régimen de seguridad ciudadana y un modelo de seguridad humana cónsono con las grandes necesidades sociales que padece la enorme mayoría de sus habitantes. Más desarrollo y menos soldados; más comida y menos armas; más empresas y menos cuarteles; más integración civil y menos interferencia militar; más y mejores policías; más y mejores maestros. Esas deben seguir siendo nuestras banderas en una Centroamérica que todavía no pareciera haber aprendido las lecciones de su amargo pasado.

(La Nación)

Luis Guillermo Solís R. | 27 de Junio 2005

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